La Policía Nacional atraviesa una crisis profunda de credibilidad, con dos casos graves que evidencian un patrón sistemático de abuso de poder y acoso laboral en sus estructuras. Mientras el comisario jefe de la Comisaría Especial del Senado, Julián P. M., enfrenta una investigación interna por acoso continuado a decenas de agentes, seis mandos de la comisaría de Latina (Madrid) han sido imputados por hostigar a un subinspector que osó denunciar irregularidades. Estos hechos no son aislados: revelan el deterioro ético en una institución que, bajo gobiernos de izquierdas y a las órdenes de Marlaska parece tolerar o encubrir comportamientos autoritarios.
El terror en el Senado: amenazas constantes y huida masiva de agentes
La Subdirección General de Recursos Humanos, bajo la comisaria Gemma Barroso, ha abierto una inspección psicosocial tras denuncias canalizadas por el Sindicato Unificado de Policía (SUP) y la Unión Federal de Policías (UFP). Fuentes policiales describen un clima de «auténtico terror» generado por el comisario Julián P. M., con frases como: «Todo son amenazas. ‘Te echo si no haces esto, te fundo si no haces lo otro’. El clima es de auténtico terror».
La Comisaría Especial del Senado, antes un destino codiciado, se ha convertido en un infierno laboral. Una quincena de agentes han huido en el último año, forzando bajas por estrés o jubilaciones anticipadas. El mando niega adaptaciones de puesto a agentes mayores y castiga derechos básicos, como permisos de paternidad. Este comisario arrastra un historial preocupante: en Leganés y la UIP ya generó expedientes y sentencias que confirmaron trastornos ansiosos por mobbing (sentencia TSJM).
Este caso se suma a la cadena de escándalos bajo el mandato de Marlaska, donde protocolos antiacoso fallan sistemáticamente cuando implican a superiores cercanos al poder.
Imputados en Latina: «Deja de joder, vamos a tener un problema»
En paralelo, un comisario, dos inspectores y dos subinspectores de la comisaría de Latina enfrentan imputación por acoso continuado contra un subinspector que denunció irregularidades internas. La amenaza clave: «Deja de joder, vamos a tener un problema». El denunciante sufrió hostigamiento sistemático tras exponer presuntas corruptelas o irregularidades, evidenciando represalias contra quien osa cuestionar el statu quo.
Este patrón recuerda otros casos recientes en la Policía: desde el exDAO José Ángel González (querellado por agresión sexual) hasta mandos en embajadas investigados por abusos. La izquierda, que presume de feminismo y derechos laborales, permite que la jerarquía proteja a acosadores mientras silencia a las víctimas.
¿Impunidad progresista en las fuerzas de seguridad?
Estos escándalos demuestran que el acoso no es error aislado, sino síntoma de una cultura autoritaria fomentada por años de gobiernos PSOE. Vox ha denunciado repetidamente la politización de la Policía y la falta de depuración real. Mientras Marlaska anuncia «revisiones extraordinarias» que nunca resuelven nada, los agentes sufren en silencio o huyen.
Es hora de una limpieza profunda: depuración de mandos tóxicos, protección efectiva a denunciantes y fin a la impunidad. De lo contrario, la Policía Nacional seguirá erosionando su autoridad y la confianza ciudadana.
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