La realidad de nuestras calles ha superado cualquier ficción distópica, dejando al descubierto una inseguridad descontrolada en Madrid y Barcelona con asesinatos y machetazos que las autoridades se empeñan en maquillar. Mientras el ciudadano de a pie intenta sobrevivir a una jornada laboral, el Samur-PC en la capital ya contabiliza al menos un apuñalado al día en lo que va de 2026. Es el resultado directo de una gestión política que prioriza el buenismo y la agenda globalista frente a la protección de los barrios. Tanto del PP como del PSOE, ha abandonado su deber más básico: garantizar el orden público y la integridad de quienes pagan sus sueldos.
La inacción del delegado del Gobierno ante las alertas vecinales en San Blas
La ola de violencia con armas blancas se ha convertido en una emergencia diaria en la capital de España. En lo que va de 2026, el Samur ha atendido a más de 130 heridos por arma blanca y ha registrado dos fallecidos, lo que supone al menos un apuñalamiento cada día.
El último caso ha conmocionado al distrito de San Blas-Canillejas. Un joven de origen nigeriano de unos 20 años fue asesinado de una puñalada en el tórax en el parque El Paraíso. Los vecinos llevaban meses denunciando consumo de drogas y ocupación irregular en la zona. “Desde el 29 de enero”, la concejal presidenta Almudena Maillo envió cartas al delegado del Gobierno, Francisco Martín Aguirre, exigiendo una reunión y medidas concretas. Se repitieron en febrero y marzo. El delegado no contestó. Solo tras el crimen convocó una reunión que, según el Ayuntamiento, busca “diluir su responsabilidad con una foto”.
“Lo que tiene que hacer es cumplir con su competencia: garantizar la seguridad ciudadana”, denuncian desde el Consistorio. Esta negligencia no es un hecho aislado. Es el resultado de políticas de izquierdas que priorizan el discurso frente a la protección real de los españoles. El PP, cómplice en tantas ocasiones de la tibieza socialista, tampoco ha sabido imponer el orden que exigen los vecinos.
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Barcelona bajo el terror de los asesinatos y machetazos
La situación en Cataluña es aún más alarmante. En un solo fin de semana se registraron dos muertos por arma blanca y múltiples peleas con machetes. En Esplugues de Llobregat, un hombre de origen magrebí de 37 años asesinó presuntamente a una mujer de 41 años que paseaba a su perro. El agresor, L.B., ya fue detenido en 2022 en Burgos por atacar a la policía, lanzar piedras y proferir gritos islamistas. Entonces se archivó como “problema de salud mental”. ¿Problema de salud mental? La realidad es que ha asesinado a una inocente al grito de Allah Akbar. En cualquier otro sitio esto es terrorismo yihadista.
“No se consideró un caso de terrorismo”, insisten las autoridades. Los Mossos, a pesar de los antecedentes, minimizan la posible radicalización y hablan de “brote psicótico”. Mientras, en el Raval un menor colombiano mató a un marroquí de 24 años durante un intento de robo. Y en Sarrià, nueve jóvenes fueron detenidos por “cazar” a menores y robarles con violencia.
Los Mossos presumen de su Plan Daga para retirar armas blancas, pero los datos demuestran su fracaso. Las reincidencias se multiplican y las bandas latinas y magrebíes campan a sus anchas. Núria Parlon, consejera de Interior, defiende que “las cifras funcionan”, pero los cadáveres en la calle contradicen su propaganda.
La ola de violencia con armas blancas con asesinatos y machetazos no es casualidad. Es consecuencia de una inmigración sin control, leyes penales blandas y una izquierda que prefiere criminalizar a la policía antes que a los delincuentes.
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Mano dura o más víctimas inocentes
Frente a esta realidad sangrante, Vox lleva años exigiendo reformas profundas: cambios en la ley del menor, fin de la reincidencia automática, expulsión inmediata de delincuentes extranjeros y control real de las fronteras. Medidas que PP y PSOE rechazan por “estigmatizar” mientras los españoles pagan con su seguridad y sus vidas.
“Hay que acabar con la cultura prohibitiva de las armas blancas”, dice Parlon. Pero la prohibición solo afecta a los honrados. Los delincuentes las consiguen igual. Lo que hace falta es voluntad política para aplicar la ley con toda su dureza.
La ola de violencia y delincuencia pone en evidencia el modelo de seguridad de la izquierda: ineficaz, ideologizado y peligroso. Madrid y Barcelona son solo la punta del iceberg de una España que reclama orden, fronteras seguras y justicia sin complejos.
Desde Nuestra España exigimos responsabilidades. No más reuniones de postureo. No más excusas de “salud mental”. Los españoles merecen vivir sin miedo en sus barrios.






