Por Octavio Cortés
Todo el mundo va tomando posiciones ante el estallido final del sanchismo que va a acelerarse en las próximas semanas. Incluso el grupo PRISA está tentándose la ropa: han despachado a Àngels Barceló sin demasiados miramientos porque saben que los tiempos que vienen se caracterizan, por encima de todo, por el fin de un modelo de izquierda blanda, la de la era Obama, centrada en cuestiones identitarias (feminismo, LGTB, memoria histórica) y no en cuestiones de auténtica reforma económica. Este mismo fin de semana El País hablaba de la “izquierda abatida”, con todo el sector primario en contra, con la juventud en manos de VOX y el universo de las redes sociales en contra.
Donde el ambiente es de puro manicomio
Donde el ambiente es de puro manicomio es en el espacio a la izquierda del PSOE que viene desangrándose a ritmo frenético por la implosión de Podemos y el naufragio continuo de los artefactos de Sumar-Comuns. Esta semana Gabriel Rufián ha dado un paso al frente y, contra el criterio de su partido, se ha ofrecido a encabezar un frente de izquierdas unitario que “hackeara” los condicionantes de la ley d’Hondt y pudiera rescatar escaños suficientes para un nuevo gobierno de coalición apoyado por las izquierdas regionales.
El principal problema
El principal problema se encuentra en las pocas ganas que tienen los soberanistas periféricos a saber, BNG, Adelante Andalucía, Compromís, Bildu, de hacer suyos los líos del espacio Yolanda-Galapagar. No tienen nada que ganar sumándose a conglomerados electorales dudosos y sí pueden perder la comodidad e independencia de su pequeño nicho de voto local ligado a esquemas de nacionalismo progre.
*Rufián e Irene, la equivocación final
*Gabriel Rufián surfeando el CAOS
En una palabra, los únicos que tienen fortaleza electoral que aportar son justamente los menos interesados en aventuras colectivas caóticas. Además, la figura de Rufián plantea reparos evidentes. ¿Con qué cara van las izquierdas de Guadalajara o Zaragoza o Badajoz a pedir el voto para una de las caras visibles del procés, un tipo que hace nada hablaba de España como país extranjero, opresor y fascista? ¿Es suficiente un candidato resultón en Instagram como para contrarrestar la ola conservadora de la era Trump? ¿Hay algo que pueda unir a fuerzas tan dispersas o solo queda el slogan de “frenar a la ultraderecha”?
Rufián ha venido haciendo una política de regate corto y vuelo alto
Rufián ha venido haciendo una política de regate corto y vuelo alto buscando siempre salir en la foto y hablando la jerga facilona de las redes. Jamás ha gestionado nada, jamás ha dejado de entender el Congreso como un plató, jamás ha limpiado del todo su connivencia con los desastres del referéndum de 2017. ¿Le viene grande el proyecto que él mismo ha creado? Si le funcionara el invento y consiguiera sumar todo el voto más allá del PSOE, su papel en el futuro inmediato será mayúsculo. Pero la tendencia de la ultra a la atomización en miles de siglos ridículas no viene de ahora. Rufián eso sí, se ha montado un win-win, porque si fracasa se irá como un señor y se garantiza una vida futura de tertuliano carismático y apóstolo “de lo que pudo ser”. De un modo u otro, queda Rufián para rato.






