En un nuevo capítulo de la decadencia moral del Gobierno de Pedro Sánchez, el dimitido director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional, José Ángel González, no solo es acusado de una presunta agresión sexual, sino que premió con una medalla de plata a su cómplice en el encubrimiento, el comisario Óscar San Juan, mientras el ministro Fernando Grande-Marlaska mira para otro lado, negando conocimiento en un intento patético de salvar su pellejo. Confrontando las excusas oficiales que pintan esto como un «desconocimiento inocente», fuentes independientes y opositoras revelan un patrón de protección a los afines, donde medallas y pensiones engrosadas recompensan el silencio ante abusos. Este no es un error aislado, sino la prueba fehaciente de un ministerio podrido por el clientelismo político, donde la lealtad al PSOE vale más que la justicia para las víctimas.
El origen del horror: detalles de la agresión y la evidencia irrefutable
La querella, admitida por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer Número 8 de Madrid, detalla una agresión ocurrida el 23 de abril de 2025 en un piso ministerial. González, abusando de su jerarquía, forzó a la agente subordinada a un encuentro que derivó en tocamientos no consentidos y obligarla a masturbarlo, con «violencia física e intimidación». La víctima grabó 40 minutos de audio, capturando el horror desde el momento en que notó «una insistencia que no era normal» y se sintió «asustada». Su abogado, Jorge Piedrafita, reveló en televisión que intentaron «comprar su silencio» con ofertas laborales, dejando a la mujer «aterrorizada». Fuentes confirman la citación judicial para el 17 de marzo de 2026, por agresión sexual, coacciones y lesiones psíquicas. Esta grabación no es solo evidencia; es el grito silenciado de una sistema que prioriza el poder sobre la dignidad humana.
Intentos de silencio y coacciones: medallas como recompensa al encubrimiento
El comisario Óscar San Juan, «mano derecha» de González y presente el día de la agresión, contactó a la víctima en julio de 2025 con cinco llamadas ignoradas y una oferta explícita: «Elija a qué destino/puesto de trabajo quiero ir y que cuando lo tenga pensado se lo mande por wasap». Fuentes policiales afirman que San Juan «conocía todo y no lo denunció, violando su obligación como policía». Para colmo de la infamia, González le concedió una medalla de plata en septiembre de 2025, incrementando su pensión un 15%, solo meses después del delito. El sindicato JUPOL califica esto de «quiebra gravísima de los principios que rigen el mando policial», exigiendo dimisiones: «La estructura jerárquica no puede convertirse jamás en un instrumento de intimidación». Marlaska, en un movimiento tardío, apartó a San Juan hoy mismo, pero solo tras el escándalo público. Estos sobornos encubiertos con medallas exponen una red de impunidad que el Gobierno socialista fomenta, premiando la lealtad criminal por encima de la ley.
Marlaska: un ministro incompetente o cómplice que debe dimitir ya
Fernando Grande-Marlaska, el autoproclamado defensor de los derechos, se erige como el villano principal de esta trama, un ministro que o bien es tan incompetente que ignora abusos en su propia casa, o tan cínico que los encubre para proteger a sus peones políticos. Nombrado DAO por Marlaska en 2018, González fue mantenido en el cargo mediante triquiñuelas legales en decretos de emergencia, como el de la DANA, para evitar su jubilación. Ahora, Marlaska niega todo: «Evidentemente no sabíamos nada, si hubiéramos sabido, al mínimo conocimiento de una circunstancia de esta gravedad, se le habría pedido la renuncia y el cese inmediato». Pero esta excusa hueca no convence; como ministro, su obligación es vigilar, no excusarse. Marlaska ha convertido el Ministerio en un feudo de favores, donde medallas premian encubridores y las víctimas quedan desprotegidas, traicionando su pasado como juez para convertirse en un político sin escrúpulos. Fuentes como Vozpópuli lo retratan «escurriendo el bulto», mientras JUPOL insiste: «Debe asumir las consecuencias políticas derivadas de mantener al frente de la Policía Nacional a un alto mando investigado por delitos de esta naturaleza». Su permanencia es un insulto a la democracia y a las mujeres; Marlaska debe irse, o este Gobierno seguirá hundido en la corrupción moral.
Denuncias sindicales: voces ignoradas que exponen la realidad
Los sindicatos como JUPOL y SUP han sido implacables en sus críticas, destacando problemas crónicos que Marlaska ha desoído. En un post de Instagram de JUPOL, se denuncia explícitamente: “Chalecos caducados y sin aire acondicionado: investigan a Interior por las condiciones de la Policía”, revelando que la Audiencia Nacional ha abierto diligencias tras su demanda. Esta investigación subraya el riesgo vital que enfrentan los agentes por equipamiento obsoleto, un fallo directo de la dirección política.
Otro ejemplo flagrante proviene del Sindicato Unificado de Policía (SUP), cuya revista de prensa documenta protestas masivas: “El SUP protesta frente al ministerio del Interior por los ataques y desprecios de Marlaska hacia los policías nacionales”. Aquí se resalta el hacinamiento en comisarías y la falta de reconocimiento como profesión de riesgo, una demanda pendiente que expone la «tibieza» del ministro en defender a sus subordinados.
JUPOL ha ido más allá, exigiendo dimisiones tras incidentes graves. Tras un tiroteo en Isla Mayor en 2025, declararon: “El Estado ha perdido el control en la lucha contra los narcos y nuestros policías actúan desprotegidos”, responsabilizando directamente a Marlaska del «aumento de la violencia del narcotráfico».
Condiciones pésimas: de la falta de medios al desprecio político
La oposición ha amplificado estas denuncias, confrontando la inacción gubernamental con hechos irrefutables denunciando que Marlaska “sigue sin respetar el trabajo de la Guardia Civil, Policía Nacional y Agentes Aduaneros”, criticando la ausencia de inversiones adecuadas en un ministerio plagado de favoritismos. Esta falta de respeto se traduce en salarios inferiores a los de cuerpos autonómicos, como los Mossos, generando presiones conjuntas de policías y militares contra el ministro.
VOX, por su parte, ha registrado proposiciones para mejorar las comisarías, señalando “el abandono de las comisarías de la Policía Nacional y señala a Marlaska por la falta de medios”. Estos problemas incluyen instalaciones obsoletas y recursos insuficientes, que los sindicatos vinculan directamente a la gestión fallida del ministro.
Incluso en eventos como la Vuelta Ciclista en 2025, JUPOL denunció “órdenes políticas de no actuar” contra protestas, pidiendo la dimisión de Marlaska por exponer a los agentes a riesgos innecesarios.
La dimisión de Marlaska como única salida
Marlaska ha fallado estrepitosamente en defender a la Policía Nacional, dejándola en condiciones pésimas que los sindicatos denuncian sin cesar. No se trata solo de escándalos puntuales; es un ministerio que prioriza alianzas políticas sobre la seguridad de sus agentes, manchando una institución que merece respeto y recursos adecuados. Para preservar su honor y eficacia, Marlaska debe dimitir inmediatamente, permitiendo un liderazgo que escuche a los policías y restaure su dignidad. La dimisión de Marlaska no es una opción; es una urgencia para restaurar el honor y la eficacia de una institución esencial.







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