La Mesa del Congreso ha decidido suspender de forma cautelar las acreditaciones de dos de los pocos profesionales que se atreven a cuestionar el poder. Vito Quiles y Bertrand Ndongo se han convertido en objetivo directo por el simple hecho de ejercer el periodismo sin cortapisas. Este ataque a la libertad de expresión contra Vito Quiles y Ndongo no es un incidente aislado, sino la confirmación de que, bajo el Gobierno de Sánchez, preguntar lo incómodo se paga con expulsión. Mientras el resto de la prensa guarda silencio cómplice, estos dos periodistas han demostrado que la verdad molesta al régimen.
El Congreso ejecuta el ataque a la libertad de expresión contra Vito Quiles y Ndongo
La Mesa del Congreso de los Diputados, dominada por PSOE y Sumar, ha decidido este 13 de mayo de 2026 suspender de forma cautelar las acreditaciones de prensa de Vito Quiles, colaborador de EDATV, y de Bertrand Ndongo. La medida se ampara en el nuevo artículo 98 del Reglamento, aprobado el verano pasado precisamente con los votos de la izquierda. Según el comunicado oficial, ambos periodistas actúan con “desprecio por la libertad de expresión de las diputadas” y representan “una verdadera amenaza al funcionamiento del Congreso”.
Este es el ataque a la libertad de expresión contra Vito Quiles y Ndongo que llevamos denunciando desde hace meses. En lugar de responder a las preguntas incómodas, el poder opta por silenciar a quienes las formulan. Vito Quiles y Ndongo no han cometido delitos: simplemente persiguen respuestas que Begoña Gómez, esposa del presidente Pedro Sánchez, nunca da en comparecencias públicas. Si la mujer del jefe del Ejecutivo compareciera y respondiera como cualquier ciudadano exige, no haría falta “perseguirla” por los pasillos. Pero el silencio oficial obliga a los periodistas honestos a insistir.
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Vito y Ndongo, los únicos que preguntan lo que nadie se atreve
Vito Quiles y Bertrand Ndongo son los periodistas que incomodan al régimen. Mientras la mayoría de la prensa acreditada se conforma con ruedas de prensa protocolarias y preguntas blandas, ellos exigen respuestas sobre asuntos que afectan a todos los españoles. El expediente contra Quiles menciona grabaciones en zonas restringidas y el uso de un despacho de la diputada del PP Alma Alfonso para un vídeo sobre Begoña Gómez. Contra Ndongo se alegan interrupciones en ruedas de prensa y supuestos “hostigamientos” denunciados por Sumar.
La realidad es bien distinta. Ellos solo hacen su trabajo: preguntar. Es normal que un periodista quiera interpelar a la esposa del presidente cuando hay sombras sobre su actividad. Vergüenza ajena da ver cómo el resto de la profesión se excusa en que “faltan al respeto”. ¿Dónde está el acoso del que tanto se jactan cuando Gabriel Rufián responde a Quiles cada día con ironía y sorna? Rufián, diputado de ERC, sale al paso de las preguntas con educación y desparpajo.
En su respuesta en vídeo, publicada en X el mismo día de la suspensión, Quiles y Ndongo se muestran serenos y hasta jocosos. “Yo creo que la alegría les va a durar hasta el domingo”, afirma Vito mientras ambos ríen y bromean sobre “vacaciones forzosas”. No hay victimismo: hay dignidad y confianza en que la verdad terminará por imponerse.
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La hipocresía de la izquierda y la defensa real de la libertad de expresión
Este ataque a la libertad de expresión contra Vito Quiles y Ndongo desnuda la doble vara de la izquierda. El mismo Gobierno que presume de defender la prensa libre utiliza un reglamento hecho a su medida para expulsar a quienes no comulgan con su relato. PSOE y Sumar, que tanto critican a VOX por “amenazar a la democracia”, son los que ahora cierran la puerta del Congreso a dos voces disidentes.
Mientras tanto, el resto de medios mayoritarios guarda silencio o directamente aplaude la medida. Algunos ya han tachado a Vito y Ndongo de “activistas de ultraderecha” en lugar de reconocer su labor periodística. Es la misma prensa que calla ante los escándalos del Ejecutivo y que ahora justifica la censura como “defensa del orden parlamentario”.
La conclusión es clara y rotunda: en España, bajo el Gobierno de Sánchez y sus aliados, preguntar lo que nadie pregunta se ha convertido en un delito sancionable con expulsión. Vito Quiles y Ndongo no solo defienden su derecho a informar: defienden el derecho de todos los españoles a recibir información sin filtros. Su caso no es un incidente aislado; es la prueba definitiva de que la libertad de expresión molesta cuando incomoda al poder.
En NuestraEspaña seguiremos defendiendo a quienes no se callan. Porque una democracia sana necesita periodistas que pregunten, aunque la izquierda prefiera que solo aplaudan.






