Moncloa deja sola a Maria Jesús Montero en la polémica de los guardias civiles. El pasado lunes, durante el debate electoral en Canal Sur, la candidata socialista María Jesús Montero calificó como “accidente laboral” la muerte de dos guardias civiles en Huelva mientras combatían el narcotráfico. Las palabras han provocado un profundo malestar entre las asociaciones del Instituto Armado y han sacudido la recta final de la campaña andaluza.
Maria Jesús Montero sin respaldo tras sus declaraciones
En lugar de cerrar filas, el Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por el silencio. La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, evitó en todo momento respaldar o desmentir la expresión usada por Montero durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. Se limitó a repetir el “compromiso” contra la lacra del narco y a destacar el aumento de efectivos y embarcaciones en la zona de Gibraltar.
“Lo que va a hacer este Gobierno es honrar la memoria de los dos guardias civiles y lo que no va a hacer es instrumentalizar el dolor”, señaló Saiz, en un claro reproche. Ni una sola palabra de apoyo explícito a la que fuera vicepresidenta primera.
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El aislamiento interno y el respaldo de la extrema izquierda
Mientras Moncloa esquiva posicionarse, Sumar sí ha salido en defensa cerrada de Montero. Sus socios de coalición han defendido que “técnicamente” se trata de un accidente laboral. Desde Más Madrid lo tildaron de “desafortunado”, pero los Comuns y Compromís cargaron contra quienes “manipulan” las palabras para “instrumentalizar” la tragedia.
El diputado de Compromís, Alberto Ibáñez, llegó a insistir en que una muerte en acto de servicio conlleva “un seguro para la familia” y pidió “no polemizar tanto”. Este respaldo de la izquierda radical contrasta con el mutismo del PSOE, que parece haber dejado a Montero expuesta ante la opinión pública y las familias de los agentes caídos.
La ausencia de Fernando Grande-Marlaska en el funeral de los guardias civiles tampoco ha recibido explicación alguna por parte del Ejecutivo. El ministro alegó que estaba “al frente de la emergencia” en Tenerife.
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¿Quién quiere acabar con María Jesús Montero?
Que Moncloa deje sola a Montero no parece aislado. Fuentes del propio partido recuerdan que, cuando Pedro Sánchez se tomó aquellos cinco días de reflexión, María Jesús Montero formó parte del círculo que consideró seriamente la posibilidad de que dimitiera. No ocurrió.
María Jesús Montero formó parte del círculo que consideró seriamente la posibilidad de que dimitiera. Ella fue una de las que se lanzó al protagonismo mediático con altanería presidencial, algo que puede no gustase a Pedro Sánchez No ocurrió, Sánchez no dimitió.Ahora, enviada a primera línea en Andalucía en un momento especialmente delicado, muchos se preguntan si alguien dentro del PSOE la ha colocado deliberadamente en una posición imposible.
¿Es un error no calculado o un movimiento para terminar definitivamente con su carrera política? El silencio atronador del aparato socialista alimenta todas las especulaciones. Mientras Sumar la arropa, Moncloa la deja sola ante el fuego. Este abandono no solo debilita a la candidata, sino que pone de manifiesto las profundas divisiones internas de un partido que antepone la supervivencia de Sánchez a cualquier lealtad orgánica.
En definitiva, la izquierda muestra una vez más su desprecio por las fuerzas del orden. Calificar de “accidente laboral” el asesinato de dos guardias civiles en cumplimiento del deber es algo más que una torpeza: es una ofensa a quienes arriesgan su vida contra las mafias mientras el Gobierno negocia con independentistas y blinda a etarras. Vox, como siempre, defiende sin ambages la dignidad de la Guardia Civil y exige responsabilidades reales frente al narcotráfico que asola el sur de España.
Si esta torpeza y el posterior abandono hunden aun más al PSOE en Andalucía, el partido de Sánchez entraría en una crisis terminal. Perder la última gran comunidad donde aún mantenía algo de peso significaría el colapso de su estrategia de supervivencia, aceleraría las luchas internas y dejaría a Sánchez más aislado que nunca frente a sus socios independentistas y comunistas.






