Las películas sobre zombies nos avisaron de que nuestra civilización iba a caer a manos de criaturas sonambulares, privadas de raciocinio, violentas por naturaleza, que llenarían nuestras calles y acabarían con todo. Lo que no vimos venir es que serían mujeres de mediana edad, con el pelo teñido, votantes del PSOE.
Las charos hasta ahora parecían más o menos inofensivas: solo mostraban un grado de imbecilidad histérica constante y una monomanía progre irredimible. Pero ahora hemos averiguado, gracias al martirio público de Vito Quiles a manos de varias charos fuera de control, que son capaces de un tipo de agresividad de macarra de patio de instituto, con tirones de pelo, arañazos y cómicos intentos de llaves de judo a traición. ¿Por qué no habían atacado hasta ahora, las charos? Quizás el virus socialista que están incubando aún no había alcanzado su madurez, quizás se reservaban (por astucia estratégica) algunas bazas. Si realmente están evolucionando, podemos temernos lo peor. Como empiecen a emitir rayos láser por los ojos mientras cantan canciones de Ana Belén, estamos arreglados.
Podemos imaginar un panorama tipo Resident Evil
Podemos imaginar un panorama tipo Resident Evil en el que Vito Quiles se quede solo en un mundo post apocalíptico en el que las charos lo han devastado todo. Calles calcinadas, ruinas humeantes, un mundo colapsado con mitines del PSOE en cada esquina y un pequeño remanente de resistencia que solo tiene a su disposición algún teléfono móvil y una cuenta clandestina de Instagram.
*Antonio Naranjo sobre Vito Quiles y Sarah
Bromas aparte, el famoso vídeo de Begoña demuestra que las charos funcionan coordinadas por una mente-colmena parecida a la de las abejas: si tocas a la abeja reina, las charos-soldado se lanzan a la inmolación, al ataque suicida, a la furia sin límites. Al no disponer de un cerebro racional, las charos pueden agruparse de manera espontánea en grupos de choque sin el menor aprecio a la supervivencia individual. Habrá que extremar las precauciones.
Estos días el debate en los platós
Estos días el debate en los platós se ha centrado en una pregunta mal formulada: lo que hace Vito Quiles, ¿es periodismo? Decimos que la pregunta está mal formulada porque responde a parámetros pre-apocalípticos, a un mundo en el que aún tenía sentido la actividad informativa como tal. En la realidad que nos ha tocado vivir, ya no se trata de hacer preguntas (incómodas o no) a la elite progre, sino de regalar momentos icónicos, inolvidables, diseñados para la posteridad, gracias a los cuales en el futuro alguien podrá descubrir que incluso en estos tiempos oscuros quedaba gente con un grado de actividad neuronal mínima. La foto de Vito Quiles gateando sobre unas mesas, con una charo dóberman agarrando uno de sus pies, quedará para siempre en la iconografía de la época. A esto hemos llegado, a estos lodazales nos hemos degradado. El cabestrillo de Sarah Santaolallah fue solo un preámbulo: ahora sabemos que el discurso victimista ha quedado atrás y las masas de charos enloquecidas han optado por una Solución Final. La contienda definitiva está aquí, sálvese quien pueda.






