Enrique J. Ortiz
Desde que comenzaron los ataques de la última hornada de disidentes de VOX —desde Olona hasta ahora— no han cesado los comentarios pronosticándole a ese partido un futuro similar al de Ciudadanos, o al de Podemos.
Veamos:
El primer partido que desafió el Consenso de la Transición fue UPyD creado en 2007. Liderado por Rosa Díez, dirigente socialista que abandonó el PSOE tras 30 años de militancia por discrepancias con la dirección del partido, especialmente respecto a la política antiterrorista y el modelo de Estado. y la necesidad de una reforma electoral que garantizara la igualdad de todos los ciudadanos. Nació como una respuesta a las cesiones que los partidos del Consenso hacían ante los separatistas para poder gobernar. Consiguió representación en el Congreso en 2008 y en 2011.

¿Por qué fracasó UPyD? En palabras de Fernando Tellado (no confundir con Miguel del PP): «Siempre ha habido dos UPyD, una la de la dirección, antipática, inflexible, impermeable a las opiniones y la discrepancia, y otra, la de los afiliados, simpatizantes y votantes, formada por gente razonable, abierta al debate y permeable. La dirección, terminó echando o animando a irse a lo mejor de UPyD».
Ese malestar lo recogió Ciudadanos que nació a partir de la plataforma cívica Ciutadans de Catalunya, creada el 7 de junio de 2005 en Barcelona. Surgió como una reacción de la sociedad civil frente al avance de las políticas nacionalistas y el primer pacto del «Tripartito» (PSC, ERC e ICV-EUiA) en la Generalitat. Buscaba defender la libertad individual, la igualdad de derechos entre todos los españoles y el bilingüismo en Cataluña,
Tras casi dos décadas de actividad el partido desapareció de su último parlamento autonómico en marzo de 2026. La desaparición de Ciudadanos se debió a una combinación de errores, pérdida de identidad y crisis internas de liderazgo. El momento crítico ocurrió en 2019, cuando el partido pasó de 57 escaños a solo 10 en apenas seis meses.

Rivera rechazó formar un gobierno de coalición con Pedro Sánchez tras las elecciones de abril de 2019, a pesar de sumar mayoría absoluta (180 escaños). Los votantes de centro consideraron esta decisión una falta de utilidad política, consideraron que había abandonado su papel de «bisagra» centrista para intentar dar el sorpasso al Partido Popular (PP), compitiendo por el liderazgo de la derecha y acercándose a Vox. Al derechizarse, Ciudadanos dejó de ser percibido como una opción moderada y distinta. Muchos analistas señalan que los electores prefirieron al PP por su estructura histórica o a Vox por su falta de complejos.
Por último, hay que reseñar como factor importante la falta de poder territorial. A diferencia del bipartidismo, Ciudadanos nunca logró asentar una base sólida en municipios y autonomías, lo que los hizo vulnerables en ciclos electorales negativos.
Resumiendo lo dicho hasta ahora: hay amplias capas de la población descontentas con el régimen del 79. Por el fracaso de las autonomías y por la falta de libertades individuales y la desigualdad de derechos. Hay un convencimiento generalizado, entre gente de todas las ideologías de que el sistema no funciona o que no acaba de funcionar.
O así fue hasta que Zapatero le dio una patada al tablero y cambió el campo del juego. Su llegada, unida a los terribles atentados de Atocha, fue un ataque nacional e internacional a la democracia española en toda regla —Y triunfó—. Es entonces cuando nacen los dos últimos partidos que en teoría han cuestionado el régimen actual. El primero fue Podemos que surgió como consecuencia de la corrupción que carcomía Izquierda Unida, esa organización surgida de un político al que hasta sus enemigos tacharon de modélico, Julio Anguita. Izquierda Unida nació para aglutinar a los partidos de izquierda comunista (siempre muy divididos) y pretendía reformar el sistema según los cánones de la II República. Su escisión Podemos pretendió reimpulsar la iniciativa obviando las tradiciones comunistas.

Pero en realidad era un invento de Zapatero y su favorito Rubalcaba. Surgido a raíz del movimiento 15M en el que los profesores de Podemos no participaron, aunque sí lo hicieron en el golpe que derrotó al PP de Aznar, fue el primer partido en usar las redes de modo masivo como medio de comunicación, lo que unido a tácticas clásicas del comunismo los llevó a crecer muy rápido. Su intención era (es) un total cambio de régimen y se enmarca en los modelos más modernos del comunismo europeo, hoy fracasados, y fue ese fracaso europeo el que lo llevó a la sumisión al chavismo y al régimen de los ayatolás.
El declive de Podemos se explica por una combinación de factores internos y externos. Los analistas políticos coinciden en varios puntos clave que explican su pérdida de relevancia: En primer lugar, el partido sufrió constantes crisis de liderazgo y purgas internas. La salida de figuras fundadoras como Íñigo Errejón (que fundó Más País) y otros líderes territoriales volvió a fragmentar el espacio político de la izquierda. Estas peleas públicas proyectaron una imagen de desunión que agotó a gran parte de su electorado. Su entrada en el Gobierno de coalición con el PSOE en supuso un reto de gestión. Impulsaron medidas como la Ley de Vivienda o leyes de género, pero el desgaste como socio minoritario (el partido mayoritario suele capitalizar los éxitos) les pasó factura. Además, polémicas como la reforma de la ley del «solo sí es sí» provocaron un fuerte choque institucional y mediático que los debilitó.
Podemos no logró consolidar una base municipal y autonómica sólida (al igual que Ciudadanos). En las elecciones de mayo de 2023, el partido prácticamente desapareció de la mayoría de los parlamentos regionales y ayuntamientos importantes, perdiendo su capacidad de influencia local, la marca había dejado de funcionar, la nueva marca, —Sumar—, no ha llegado a cuajar.
Desde su nacimiento, el partido enfrentó una intensa campaña de desprestigio y numerosos procesos judiciales (como el «caso Neurona» o investigaciones sobre su financiación), la gran mayoría de los cuales fueron finalmente archivados. Sin embargo, el impacto mediático de estas acusaciones contribuyó significativamente a su desgaste electoral.

Con todos esos antecedentes, voy a intentar contestaros la pregunta que figura en el título de este post: Vox presenta algunos de los síntomas que afectaron a Ciudadanos y Podemos, aunque también cuenta con factores de resistencia propios.
Estos son los puntos clave para entender su situación:
Factores que sugieren un posible declive
- Divisiones internas y fugas: Vox ha sufrido la salida de figuras clave de su núcleo fundador y mediático. Estas bajas han dejado en evidencia que es un «partido búnker» controlado por un sector muy minoritario y, lo que es peor, externo al partido.
- Competencia en su espacio: La aparición y consolidación de opciones más radicales o disruptivas (como el fenómeno de Alvise Pérez) ha empezado a fragmentar el voto que antes era exclusivamente de Vox.
- Desgaste institucional: Tras su entrada en gobiernos autonómicos con el PP y su posterior ruptura en 2024, el partido ha tenido que gestionar la contradicción entre ser «sistema» y «antisistema», lo que genera confusión en sus posibles votantes.
Factores de resistencia (Diferencias con Ciudadanos/Podemos)
- Suelo electoral ideológico: A diferencia de Ciudadanos, que tenía un voto más volátil y de centro, Vox cuenta con un núcleo de votantes con una identidad ideológica muy marcada y fiel que no se desplaza fácilmente al PP.
- Resiliencia en encuestas: Pese a las crisis, datos recientes muestran que ha logrado mantenerse o incluso subir en algunos sondeos, beneficiándose del desgaste del bloque de gobierno y de temas como la inmigración o la unidad nacional.
- Contexto internacional: Vox forma parte de una corriente internacional (junto a partidos de la derecha alternativa en Europa y EE. UU.) que está al alza, lo que le da una narrativa de «resistencia» global que Ciudadanos o Podemos no tenían.
En resumen, aunque Vox muestra signos de fatiga interna y fugas de liderazgos (el camino que siguieron Ciudadanos y Podemos), su capacidad para movilizar a un electorado muy ideologizado lo mantiene, por ahora, lejos de la desaparición total, aunque sí en una posición de mayor vulnerabilidad. Está por ver la resistencia de la marca en Andalucía.






