Decía Napoleón que cuando el enemigo se equivoca, lo primero es no molestarle. Siendo así las cosas, no molestaremos en las próximas semanas a Gabriel Rufián y a Irene Montero, para ver si acaban de consumar el que podría ser su error definitivo, eso que ellos llaman “un frente amplio de izquierdas”.
Vamos por partes. La posible unión de ERC con los restos de Podemos, junto a los artefactos como Más Madrid o Sumar, más la purria periférica de Compromís, Més, Comuns, Bildu y BNG es cualquier cosa menos un frente “amplio”. Es la estrechez misma, el empeño de cuatro vividores para poder seguir pisando moqueta cuatro años, más rascando porcentajes minúsculos al límite del sistema electoral. A la izquierda del PSOE no hay espacio para tanto jaleo ni margen para (según el panorama que auguran las encuestas) tener ningún tipo de influencia política real.
Luego está la idea luminosa de dar un papel destacado en la aventura a la gente de Galapagar. El nivel de toxicidad de los restos de Podemos es absoluto, por mucho que Rufián tire de discursitos fáciles sobre la fuerza de la unión. Nadie en su sano juicio quiere unir su destino político a Iglesia & Montero y su pequeña secta de obediencia ciega. Los primeros aliviados cuando Podemos acabe de desaparecer (no falta mucho, dado el empeño que ponen) serán todos sus excompañeros de andanzas, que los han sufrido de primera mano. De hecho, el único aglutinador del invento Sumar-Comuns que sobrevive en el gobierno es la voluntad decidida de no juntarse con los violetas ni para ir a cobrar una herencia. El último y más palmario ejemplo ha sido, en los últimos días, la confección de las listas andaluzas.
Rufián también parece haber decidido que el independentismo catalán ha pasado a ser, gracias a sus poses y chistecitos, aceptable en el resto de España. El famoso discurso de Joan Coscubiela en vísperas del referéndum de 2017 quedó como un hito: ni siquiera la izquierda de la izquierda se salvó de la fractura que supuso el intento secesionista. ¿Cómo va Rufián a articular un discurso para un país, España, que repudia de manera total? ¿Cómo pretende enmendar años de hemeroteca? Nadie lo sabe.
En cualquier caso, conviene no distraerles. Si se meten todos en un único barco, entonces un único naufragio electoral bastará para que nos libremos de todos ellos de un plumazo. No más flotillas, no más manteros pegando a la policía, no más travestis enloquecidos, no más altercados en la Vuelta Ciclista. Demasiado bonito para ser verdad, pero torres más altas han caído. Lo único que necesitamos es que les pegue un ataque de hermandad y decidan ir de la mano hacia el abismo. Para este último error, tendrán todo nuestro apoyo.






