El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado lo que muchos viajeros ya sentían en sus propias carnes: el transporte ferroviario en España está en caída libre. En febrero de 2026, el uso de la alta velocidad se desplomó un 32,1% interanual, la mayor bajada desde la pandemia. El conjunto del ferrocarril interurbano cayó un 15,8%, con solo 48,97 millones de pasajeros.
Este no es un simple bache temporal. Es el resultado directo de años de gestión desastrosa por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha convertido el tren —antes símbolo de modernidad— en sinónimo de inseguridad, negligencia y desconfianza.
El golpe mortal del accidente de Adamuz y la pérdida de confianza
El 18 de enero de 2026, el trágico accidente en Adamuz (Córdoba) se cobró 46 vidas. Mes y medio después, los datos del INE son demoledores: los viajeros de alta velocidad se redujeron hasta los 2,16 millones, un desplome del 32,1%. Las líneas de largo recorrido también se hundieron cerca del 30%.
“El shock que supuso el accidente hizo que la demanda cayera en torno a un 30-32%”, han reconocido incluso plataformas de venta de billetes como Trainline. Los españoles ya no suben al tren con la misma tranquilidad. El miedo se ha instalado.
La inseguridad ya no es una percepción: es una realidad estadística. Mientras el Gobierno minimiza el desastre, los ciudadanos votan con los pies y eligen el coche o el autobús, aunque sea más caro y contaminante. ¿Y Óscar Puente? no dice nada, ni se responsabiliza por nada. Óscar Puente rinde cuentas en el Senado tras los accidentes ferroviarios en Adamuz y Gelida | Última Hora y Noticias de España | Nuestra España
Años de abandono, retrasos y mala gestión que ahora pasan factura
Este desplome no surge de la nada. Lleva gestándose desde hace tiempo por la dejadez crónica de Adif y Renfe bajo control socialista. Limitaciones de velocidad por baches en las vías, descarrilamientos recurrentes, obras eternas y un mantenimiento deficiente han erosionado la confianza.
El propio ministro Óscar Puente y el presidente Sánchez han tenido que salir a defender que “el sistema no es inseguro”, pero las cifras les desmienten con crudeza. El AVE, orgullo propagandístico del progresismo, se ha convertido en un riesgo evitable.
Mientras Sánchez anuncia abonos únicos y descuentos electorales para 2026, la infraestructura real se desmorona. La izquierda prioriza la propaganda verde y los subsidios antes que la seguridad y el mantenimiento serio de las vías. El resultado es previsible: menos viajeros, menos ingresos para Renfe y un daño económico que se extenderá durante años.
La recuperación no será rápida. Reconstruir la confianza perdida tras una tragedia como Adamuz y tras años de negligencia requiere mucho más que eslóganes y fotos de inauguraciones.
Koldo y el tren | Última Hora y Noticias de España | Nuestra España
Las consecuencias a largo plazo: un sector ferroviario herido de muerte por el sanchismo
El hundimiento del tren no solo afecta a los usuarios. Golpea de lleno a la economía: turismo de negocios, hostelería en estaciones, pequeños comercios y toda la cadena ligada a la movilidad de alta velocidad. Miles de empleos indirectos están en riesgo.
Este Gobierno, más preocupado por agendas ideológicas que por la gestión competente, ha demostrado una vez más su incapacidad. Mientras critica a la oposición, la realidad de los datos del INE es implacable: el modelo ferroviario del PSOE está fracasando estrepitosamente.
España necesita urgentemente un cambio de rumbo: inversión real en mantenimiento, auditorías independientes de Adif, prioridad absoluta a la seguridad y fin de la propaganda. De lo contrario, el miedo al tren se convertirá en algo estructural. Y el daño, como advierten las cifras, no se recuperará en años.






