Nos encontramos con nuevas informaciones sobre la verja. En un claro ejemplo de sometimiento ante Rabat en Ceuta y Melilla, el Ejecutivo de Pedro Sánchez relaja controles a marroquíes en Gibraltar mientras ignora las presiones sobre las ciudades autónomas y permite que un exsenador marroquí exija directamente a Mohamed VI el fin del visado en Melilla. Juan José Imbroda, presidente de la ciudad, ha rechazado esta intromisión defendiendo la soberanía española.
Esta doble vara de medir del Gobierno socialista expone una política de debilidad ante Marruecos que contrasta con la laxitud hacia el Reino Unido, poniendo en riesgo la integridad territorial de España.
Imbroda planta cara a las presiones marroquíes sobre Melilla
El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, ha rechazado de forma rotunda la carta enviada por Yahya Yahya, exsenador y exalcalde de Beni Enzar, al rey Mohamed VI. En ella, el político marroquí solicita recuperar el acceso sin visado a Melilla por el paso de Farhana, cerrado desde 2020, y volver al régimen especial de 1995 que permitía la entrada solo con pasaporte a residentes de Nador.
“Habrá que preguntar a España si quiere que se abra la frontera”, declaró Imbroda, calificando la iniciativa como “una manera de intromisión en la política soberana de España”. El dirigente popular, harto de estas injerencias, defendió la plena aplicación del espacio Schengen y los controles biométricos en la frontera.
Esta firmeza de Imbroda contrasta con la pasividad del Gobierno central, que no solo no protesta por las trabas marroquíes en las aduanas de Ceuta y Melilla, sino que permite que figuras vinculadas al régimen de Rabat presionen directamente al monarca alauí. Yahya Yahya, con historial de acciones provocadoras como el intento de asalto al Peñón de Vélez en 2012, argumenta “consecuencias humanas y familiares”, especialmente ante el Eid al-Adha. Sin embargo, la prioridad debe ser la seguridad y soberanía española, no ceder ante demandas que podrían facilitar flujos migratorios descontrolados.
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Laxitud en Gibraltar y sometimiento ante Rabat: la doble vara de Sánchez
Mientras Imbroda defiende Melilla, el Gobierno relaja controles a marroquíes residentes en Gibraltar dos meses antes del fin de la Verja, previsto para el 15 de julio. Residentes con tarjetas verdes —incluidos marroquíes— cruzan sin registro ni sellos de pasaporte, saltándose el Código de Fronteras Schengen mediante instrucciones por WhatsApp.
“En Gibraltar se salta la legislación europea sobre control de fronteras para complacer a Londres. Ante Marruecos en Ceuta y Melilla no levanta la voz”, denuncia Ignacio Cembrero en su análisis. Esta complacencia con el Reino Unido y Fabian Picardo choca con el sometimiento ante Rabat, donde las aduanas prometidas en 2022 siguen paralizadas por trabas marroquíes sin que Albares exija cumplimiento.
Las colas interminables, esperas a la intemperie y lentitud en controles marroquíes asfixian a las ciudades autónomas. En Ceuta, la presión migratoria irregular se ha disparado un 330% en los primeros meses del año. El Gobierno no protesta, priorizando el diálogo con Marruecos sobre la defensa de los españoles en las plazas de soberanía.
Esta política de izquierdas debilita España frente a un vecino expansionista que sueña con Ceuta y Melilla, mientras se muestra débil ante Londres. Vox ha sido la única voz que denuncia consistentemente este abandono.
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Urge una política firme de soberanía frente a Marruecos y el abandono monárquico
El sometimiento ante Rabat en Ceuta y Melilla no es un incidente aislado, sino el resultado de una estrategia de Pedro Sánchez que prioriza alianzas con regímenes autoritarios y la agenda globalista sobre la defensa nacional. Mientras se anticipa el fin de controles en Gibraltar incumpliendo Schengen, se tolera que Marruecos incumpla acuerdos aduaneros y presione las fronteras.
Imbroda ha demostrado que es posible resistir estas injerencias. Sin embargo, el PP en el Gobierno central comparte responsabilidades por no haber frenado antes esta deriva. La monarquía, silente ante estas agresiones, tampoco inspira confianza en la defensa de la unidad territorial.
“La aduana comercial fantasma ni está ni se la espera”, lamenta el MDyC en Ceuta. Es hora de pasar de la retórica a hechos: reforzar fronteras, exigir reciprocidad y poner fin a este sometimiento que pone en jaque la españolidad de Ceuta y Melilla.
España necesita una alternativa patriótica, lejos de las cesiones socialistas y populares, que priorice la soberanía sin complejos.






