En medio del ruido incesante de fiscales y «mazones», el pajarito de Waterloo se ha puesto a cantar sin que nadie se lo pida: #Junts ha anunciado el bloqueo total de la legislatura en el Congreso. Quizás #Sánchez puede seguir en Moncloa, pero va a perder todas las votaciones que le queden.
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Claro está, no es que a #Puigdemont le hayan subido los niveles de decencia en sangre, sino que se ha visto obligado a atender sus propios problemas, que son unos cuantos. La parálisis de la ley de Amnistía, la sentencia demoledora de esta semana del TEDH a favor del juez Llarena, el ascenso imparable de Silvia Orriols como nuevo referente de la derecha independentista. Había llegado un punto en el que Puigdemont no podía asomarse ni un momentito a las redes sociales sin que le recordaran los suyos, con muy poca suavidad, que seguía manteniendo a Pedro Sánchez en el poder. ¿Qué sentido tiene seguir clamando contra el malvado opresor, cuando se vota la investidura de Sánchez contra toda promesa previa, cuando se instalan consejeros de Junts en el consejo de RTVE, cuando se tiene a toda la plana mayor cobrando sueldos españoles de seis cifras y viviendo tan ricamente?
El principal problema de Puigdemont es que no puede seguir asociándose a la izquierda de ERC-CUP-Comuns, como en la época del Procés, si no quiere perder para siempre al votante de orden, enfurecido por la degradación de Cataluña. Se está demostrando que hay mucha gente que quizás votaría SÍ en un referéndum de independencia, pero que antes quiere la seguridad de no ser atracada en el metro, ni violada en un callejón, ni quiere perder su casa a manos de okupas ni asistir sin rechistar a la total islamización de la vida civil. Puigdemont va camino de la irrelevancia más absoluta, porque no puede asociarse a lo que ellos mismos llevan años considerando como “ultraderecha”, pero sus propios votantes piden seguridad en las calles, control de las fronteras y respeto por las tradiciones propias.
Por otra parte, el retorno a discursos rupturista resulta bochornoso después del espectáculo de compadreo, desde los hechos de 2017, con el PSOE más corrupto y fraudulento de la historia. La situación para las huestes de Waterloo es dramática y solo les ha quedado la pura dramatización: Miriam Nogueras anunciando bloqueos a todo aquello que aceptaban hasta hace cinco minutos. Con TV3 en manos del PSC y los chiringuitos procesistas, como el Consell per la República, convertidos en un puro hazmerreír, el puigdemontismo está enfrentándose a su implosión final. No los añoraremos ni un minuto.
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