La Casa Real española ha elegido la ausencia y el silencio en la ceremonia del Premio Nobel de la Paz 2025. Esto deja sola a la opositora venezolana María Corina Machado ante el régimen de Nicolás Maduro. ¿Representa esto una monarquía comprometida con la libertad, o es simplemente una extensión del Gobierno de Pedro Sánchez, alineado con dictadores izquierdistas? Esta decisión no solo daña la imagen de España a nivel global, sino que revela una sumisión a políticas progresistas que priorizan alianzas controvertidas sobre los derechos humanos.
Repasemos los hechos clave. María Corina Machado recibió el Nobel por su lucha contra la tiranía en Venezuela. Debido a las amenazas del régimen chavista, no asistirá en persona a la ceremonia en Oslo. En su lugar, su hija Ana Corina Sosa recogerá el premio. El Instituto Nobel en una última hora confirma que Machado llegará a Oslo, si bien no estará en la ceremonia de entrega según Europa Press. Este gesto destaca la valentía de una líder que ha sufrido persecuciones y exilios. Sin embargo, la falta de representación española en este evento es un desaire a la solidaridad entre España y América Latina.
No es la primera muestra de tibieza de la Corona hacia Machado. Tras el anuncio del premio en octubre, ni Felipe VI ni el Gobierno de Sánchez emitieron una felicitación oficial. Este silencio contrasta con el apoyo de figuras conservadoras internacionales. Según Libertad Digital, este «silencio de la Zarzuela» expone una complicidad con la Agenda 2030 y políticas que ignoran las atrocidades en Venezuela.
De manera similar, El Debate informa que «Sánchez y sus ministros evitan felicitar a Corina Machado», argumentando que La Zarzuela solo felicita a galardonados españoles, una justificación que no convence.
Este patrón genera preguntas: ¿Ha capturado el PSOE la institución monárquica? Vox lo denuncia, lamentando que el Rey no felicite a Machado y acusando a Sánchez de «secuestrar» la Corona. En Adelante España, se describe a Felipe VI como «cómplice de Sánchez», un rey que calla ante el Nobel para no incomodar a aliados izquierdistas.
Estas voces críticas no son aisladas. Representan un malestar, que percibe en esta «monarquía socialista» una traición a principios conservadores compartidos con Venezuela en la lucha contra el comunismo.
En Noruega, el premio a Machado genera controversia. Organizaciones pacifistas lo rechazan, llamándolo un «desvío de principios». Esto resalta la necesidad de un apoyo firme desde España, un país que debería liderar la defensa de la democracia en América Latina.
¿Por qué Felipe VI no acude a Oslo para respaldar a Machado, como lo haría un jefe de Estado? La influencia socialista parece limitarlo.
Este episodio en un mundo con dictaduras izquierdistas en auge, ¿puede España mantener una monarquía neutral, o debe recuperar su papel como defensor de la libertad? La ausencia en Oslo no es solo un error diplomático; es un signo de decadencia institucional que requiere reflexión.






