Donald Trump es el máximo exponente de aquella idea que en su día anotó sarcásticamente Oscar Wilde: “que hablen de mí, aunque sea bien”. Trump viene del mundo de los TV realities y sabe que lo importante es estar en los titulares, al precio que sea. Estas últimas semanas lo ha conseguido metiéndose en una guerra con Irán de final incierto, antes fue con Venezuela, o los aranceles, o las redadas del ICE. Lo que queremos anotar hoy es que, por debajo de la guerra exterior que ocupa a los medios, hay una terrible guerra civil en el mundo MAGA que ya anunciamos aquí meses atrás.
Las elecciones de 2024 no las ganó el partido republicano:
Las elecciones de 2024 no las ganó el partido republicano: las ganó el movimiento MAGA tomando al asalto el partido republicano. El detalle no es menor, porque MAGA es un ámbito no claramente delimitado y alejado de los resortes de poder institucional, nacido en torno a Trump de manera caótica en la época de las primarias para 2016. Falto de apoyo de los medios tradicionales, MAGA se valió de las redes y contribuyó a aupar a una serie de podcasters conservadores a cotas de influencia masiva – ahora esa constelación de figuras pro Trump en los medios alternativos ha quedado hecha añicos. El mismo Trump se mantuvo al margen, pero esta semana ha entrado en la guerra de modo definitivo, señalando a cuatro figuras importantes: Candance Owens, Megyn Kelly, Tucker Carlson y Alex Jones, a quienes dedicó insultos y desprecios muy concretos en un largo post en Truth Social.
La fruta está cayendo por su propio peso
Da la impresión de que la fruta está cayendo por su propio peso, porque ninguno de los cuatro señalados estuvo en la agitación de la que nació MAGA: Owens era una activista demócrata, Kelly se enfrentaba públicamente a Trump desde Fox News, Carlson era un aristócrata de country club aupado a los medios por sus conexiones con la CIA y Alex Jones se movía en los márgenes oscuros de la red creando el movimiento conspiranoico. La virtud de Trump fue unir en su batalla contra el establishment a voces e ideologías muy diferentes; lograda la victoria, todo está volviendo a su sitio. Estos cuatro nombres encabezan un movimiento anti Trump ya sin caretas, junto con figuras mucho más discutibles como Nick Fuentes, Ian Carroll o Stew Peters. Hay un nuevo ecosistema mediático de alt-right anti Trump, esta es la novedad.
La vertiente política institucional
La vertiente política institucional la encabezan la dimitida Marjorie Taylor Greene y Thomas Massie, con sus constantes acusaciones de que Trump ha vuelto a la política exterior neocon de la época Bush, basada en la influencia del lobby armamentístico y la lealtad a los intereses de Israel. La diferencia fundamental es que Trump ya no tiene un horizonte electoral a la vista (los mid terms de este otoño le importan un rábano) y está pensando ya solo en términos de legado.
Las elecciones de 2028 aún caen lejos
Las elecciones de 2028 aún caen lejos. J.D. Vance está usando la vicepresidencia para lavar y guardar la ropa, esperando su momento. A falta de un liderazgo carismático como el de Trump, el panorama bipartidista volverá a su equilibrio, con el partido Republicano reconciliado con los “intereses de Estado” y la dinámica parlamentaria. La única incógnita que queda es el papel de Elon Musk, siempre imprevisible. Esta guerra no es tan aparatosa como la guerra exterior, pero en ella se juega el equilibrio político de los próximos años. Conviene estar atentos.






