La campaña electoral andaluza arranca con un episodio que desnuda la intolerancia de la extrema izquierda. En plena Plaza de las Pasiegas, Santiago Abascal se vio forzado a interrumpir su mitin ante el intento de boicot de un grupo violento de antifas. El líder de Vox no se achantó y exigió la expulsión inmediata de los agitadores para continuar el acto democrático.
El valiente plantón de Abascal ante la turba radical
Abascal paralizó el evento y se encaró directamente con los radicales. “Son los del tiro en la nuca”, denunció con rotundidad, recordando el historial violento de estos grupos. Además, acusó sin ambages: “Se está cometiendo un delito electoral y en estos momentos el Ministerio del Interior y la Delegación del Gobierno están permitiendo un acto de acoso contra este evento”. La policía tuvo que intervenir para restablecer el orden. Este gesto firme de Abascal demuestra que Vox no está dispuesto a ceder ni un milímetro ante quienes pretenden silenciar por la fuerza las ideas que defienden la soberanía y la libertad de España. (Ver también:El rector de la UPV cierra el campus para silenciar a Vox, desatando la ira de los profesores | Última Hora y Noticias de España | Nuestra España)
La cobarde agresión con pintura a la diputada y al afiliado
La violencia no se limitó al boicot verbal. Una diputada nacional de Vox y vicesecretaria de Organización, María Ruiz Solás, junto a un afiliado, terminaron cubiertos de pintura tras el ataque de los mismos radicales. Vox lo denunció con crudeza: “¿Cuánto de feminista es agredir a una mujer tirándole un bote de pintura para impedir que se exprese libremente en un mitin?”. Esta agresión pone en evidencia la hipocresía absoluta de una izquierda que se autoproclama defensora de las mujeres mientras recurre a la violencia física contra quien no comparte su ideología. (Ver también: La carta de VOX | Última Hora y Noticias de España | Nuestra España)
La permisividad del Gobierno de izquierdas y el ataque a la democracia
Estos hechos no son aislados, sino la consecuencia directa de la inacción —o peor, la complicidad— del Ejecutivo socialista. Mientras el PSOE y sus aliados hablan de “democracia” y “tolerancia”, permiten que grupos violentos intenten reventar actos electorales de la oposición. Vox no dará un paso atrás. Frente al totalitarismo disfrazado de antifascismo, el partido sigue defendiendo la libertad de expresión y la seguridad de los españoles. Es hora de debatir si esta extrema izquierda, que recurre a la violencia cuando pierde el argumento, merece el amparo que le brinda el Gobierno de Sánchez. La ciudadanía ya ha visto suficiente: la izquierda no tolera la disidencia porque sabe que sus ideas pierden frente a las de Vox.






