Que el feminismo del PSOE es cosa de saunas, Jéssicas y becarias asustadas, esto ya la sabíamos. Lo que no hemos explorado aún en profundidad es la absoluta coherencia de la doctrina #Koldo, según se expresó en el célebre axioma “la Carlota se enrolla que te cagas”. La realidad es incómoda, pero es tozuda: este lifestyle putero, de whisky barato y pellizco a las jovencitas, no es una mancha en el ideario socialdemócrata, sino su máxima expresión.
La socialdemocracia es un invento de entreguerras para intentar domesticar el ansia revolucionaria del movimiento obrero original. Aceptemos la propiedad privada y el libre mercado, pero establezcamos al Estado como responsable de la “redistribución de la riqueza”. Hasta el día de hoy, esa es la matriz intelectual no solo del #PSOE, sino del laborismo inglés, el socialismo verde alemán, el partido demócrata estadounidense o el lulismo brasileño. A la hora de la verdad, esto se traduce en un modo de operar muy concreto: ya no se trata de acabar con el cenáculo de los poderosos, sino de tener un asiento en esa mesa. La clase trabajadora no acabará con los privilegios de las élites, sino que tendrá su trozo del pastel a través del “sistema democrático” con su combo de partidos, sufragio y parlamentarismo.
Gracias a esta doctrina, multimillonarios como los Bardem, los Wyoming, los Victor Manuel y Ana Belén pueden seguir cantando la internacional desde sus mansiones. El logro no ha sido acabar con la estructura de opresión, sino conseguir que los nuestros puedan sentarse con los opresores a negociar su parte del botín.
Entonces la cuestión de la “igualdad” (el principal dogma demencial de la izquierda) queda redefinido. No vamos a combatir la desigualdad, sino que intentaremos modularla cenando en el Ritz con los banqueros. Claro, si en algún ámbito es decisivo el concepto de “igualdad” es en el del feminismo. Pues ahora les ha estallado en las narices la durísima verdad. El #feminismo socialdemócrata no supone acabar con la “opresión machista” sino en que también serán los nuestros los que puedan participar en esa opresión. Igual que metemos a sindicalistas y diputados de izquierdas en los consejos de administración, en vez de acabar con el poder de la gran empresa, ahora tenemos a nuestros puteros, nuestros acosadores, nuestros machirulos, en vez de acabar con el “machismo estructural”.
La izquierda solo puede ser revolucionaria, por eso es venenosa en sí misma. Cuando deja de serlo, pasa a ser un puro elemento del sistema para canalizar la idiotez general de las masas y calmar la inquietud social elevando a sus líderes a una forma de vida acomodada. ¿No queríais feminismo socialista? Pues aquí lo tenéis: su rostro es el de Koldo, Ábalos y Paco Salazar.






