La figura esperpéntica de Leire Díaz da para chistes y da para ráfagas de total indignación, da para mucho por el mismo motivo que da para nada. Una pobre mujer sin escrúpulos morales moviéndose a sus anchas en el laberinto inacabable de la colonización sanchista de las instituciones; una ex concejala de un pueblecito cántabro exigiendo la cabeza de responsables de la UCO, despachando con Santos Cerdán o la directora general de la Guardia Civil. ¿El epítome de la charocracia chiflada o el refinamiento último del saqueo socialista del país? Las dos cosas y muchas más.
Leire no cae del cielo.
El humus del que brota, de forma casi espontánea, es el crecimiento tumoral de la clase política. Nadie sabe cuántos subsecretarios hay de alguna cosa, cuántos asesores en diputaciones, cuántos coordinadores de empresas semi públicas, cuántos organismos adjuntos a la administración, cuántos jefes de gabinete de vaya usted a saber quién. Centenares, millares, de todos los colores. Baste comprobar que a las élites de las fuerzas de seguridad les está llevando meses y más meses desenmarañar el ovillo infinito del sanchismo: Leire habla de los hidrocarburos, los de los hidrocarburos hablan con los de las mascarillas, todos presionan a quien investiga a la famila de Sánchez, la gerente del partido paga facturas en todas direcciones, Zapatero coge aviones cargado de joyas, Ábalos pide putas de seis en seis, el fiscal general habla otra vez con alguien que habla con Leire en una reunión con los de la Sepi y así ad infinitum. Hay, en una palabra, demasiada gente, esto es lo primero que a veces se nos olvida. Hay demasiados frentes, demasiada moqueta, demasiado sueldo, demasiado listo con coche oficial.
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Este es el paradigma, esta es la tierra en que semillas bizcas como Leire brotan y florecen en todo su esplendor. Ayer Marlaska balbuceaba ante los micrófonos: la imagen era la de un besugo boqueando su último aliento fuera del agua. Ya es imposible siquiera articular un par de frases con sentido. Sánchez está de paseo en Montenegro hablando del proyecto europeo, pero lo mismo podría estar hablando de la liga de balonmano. Solo queda el ruido, el chirrido que sube desde el fondo y todo lo satura, la negación total de la realidad en forma de distorsión, mentira y patada para adelante.
Llegará Feijoó y con el tiempo sucederán cosas parecidas, porque hay un especie de estacionalidad de la corrupción: igual que llega el verano, llegan los Roldanes, los Correas, los Koldos, llegan a su tiempo conforme a una dinámica natural. Llegan porque encuentran una tierra tan rica, tan abonada de dinero suelto y sin control, una proliferación babilónica de cargos y organismos intermedios, de diputaciones infinitas y entes públicos que sólo conoce el BOE. El sanchismo no es más que una cosecha especialmente florida, pero ha habido otras y habrá muchas más.






