Pedro Sánchez ha decidido dar la bienvenida al plan de paz para Gaza propuesto por Donald Trump y respaldado por Benjamín Netanyahu, abriendo una fosa insalvable en su coalición de izquierdas. Lo que se presenta como una «buena acogida» no es más que un oportunismo calculado, que choca frontalmente con las posturas radicales de Sumar, revelando la fragilidad de un Ejecutivo sostenido por parches ideológicos. ¿Cómo puede Sánchez pasar de demonizar a Israel con embargos y sanciones a bendecir un pacto que, en esencia, fortalece la posición de Netanyahu? Esta contradicción no solo evidencia su volubilidad, sino que invita a un debate urgente sobre si España necesita un liderazgo firme o un malabarista de conveniencias.
Recordemos el contexto: apenas semanas atrás, Sánchez anunciaba un embargo total de armas a Israel, prohibiendo el paso de aviones y barcos con material bélico, y declarando a Netanyahu «persona non grata». «España reconoce plenamente el derecho del Estado de Israel a existir, pero una cosa es proteger tu país y otra cosa es asesinar a civiles, matar de hambre a niños inocentes, bombardear hospitales», afirmó entonces el presidente del Gobierno en una intervención que rezumaba demagogia antiisraelí. Fuentes como EL MUNDO corroboran esta postura inicial, destacando cómo Sánchez utilizaba Gaza para tapar sus «vergüenzas» internas, sin aportar soluciones reales al conflicto. Ahora, con el plan de Trump –un acuerdo de 20 puntos que ha recibido el respaldo de Netanyahu y ha sido acogido positivamente por varios países árabes–, Sánchez cambia de chaqueta: «España da la bienvenida a la propuesta de paz para Gaza impulsada por EEUU. Hay que poner punto final a tanto sufrimiento», tuiteó, insistiendo en la solución de dos Estados.
Pero esta pirueta no convence a sus socios. Sumar, liderado por Yolanda Díaz, ha roto filas tachando el plan de «engaño», «farsa» e «imposición» que perpetúa la ocupación y ignora la autodeterminación palestina. «Decimos alto y claro no al plan de Trump y Netanyahu», proclamó Díaz, desmarcándose abiertamente y exponiendo la brecha más profunda en el Gobierno sobre Gaza desde el inicio del conflicto. Medios como La Razón y ABC lo confirman: los cinco ministros de Sumar rechazan el pacto, considerando que convierte Palestina en un «protectorado» dirigido por Israel.
Este cisma invita a debatir ideas clave: ¿Es el plan de Trump una oportunidad real para la paz o una capitulación? Desde una perspectiva conservadora, representa un enfoque pragmático, respaldado por líderes como Trump, que prioriza la seguridad israelí frente al caos patrocinado por Hamás e Irán. Fuentes internacionales, como Reuters y Al Jazeera, destacan que el plan ha sido bien recibido por países árabes y occidentales, incluyendo a España inicialmente, como una vía para acabar con casi dos años de guerra. Críticos de izquierda, como Sumar, lo ven como una «imposición» que ignora a los palestinos, pero ¿no es esto un apoyo velado a facciones extremistas que rechazan cualquier negociación?
Además, el rechazo de Sumar choca con acciones recientes del Gobierno, como la prohibición a EE.UU. de usar bases españolas para transportar armas a Israel, una medida que ahora parece incongruente con el aplauso a Trump. En definitiva, esta fisura no es sólo sobre Gaza; es el síntoma de un Gobierno dividido, donde Sánchez sacrifica coherencia por supervivencia política. Mientras la izquierda se desgarra, España proyecta debilidad internacional. Es hora de cuestionar si un pacto como el de Trump, con su énfasis en estabilidad, no es preferible a la retórica vacía que prolonga el sufrimiento.






