La Unión Europea, bajo la dirección de gobiernos afines al PP y al PSOE, ha convertido la política comercial en un arma contra los productores nacionales. En lugar de proteger la soberanía alimentaria y el empleo en regiones como Almería, Murcia o Granada, Bruselas prioriza acuerdos que benefician a terceros países con estándares muy inferiores.
La dramática pérdida de terreno del tomate español en Europa
En la última década, las ventas de tomate español dentro del mercado comunitario han registrado un descenso del 34%. Este retroceso no es casual: refleja la presión constante de importaciones que desplazan al producto nacional de los lineales europeos.
Mientras España pierde cuota, Marruecos la gana de forma espectacular. Las importaciones comunitarias de tomate marroquí han crecido un 149% en el mismo período. Desde la entrada en vigor del protocolo agrícola del Acuerdo de Asociación en 2012, las exportaciones marroquíes hacia la UE han aumentado más del 50%.
FEPEX, la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas, ha alertado con claridad: “El cultivo del tomate ha sido históricamente un pilar económico en regiones como Almería, Granada, Murcia, Alicante o Canarias, donde sostiene una amplia red de empleo y actividad económica”.
Los agricultores españoles cumplen estrictas normas laborales, medioambientales, sociales y fitosanitarias que no se exigen con el mismo rigor a los competidores marroquíes. Esta asimetría genera una competencia desleal que hunde precios y rentabilidad.
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El acuerdo UE-Marruecos: un regalo envenenado que ignora al Sáhara Occidental
La modificación del Acuerdo de Asociación publicada el 2 de octubre amplía las preferencias arancelarias a producciones del Sáhara Occidental, territorio que el Tribunal de Justicia de la UE ha reconocido como diferenciado de Marruecos en dos resoluciones de octubre de 2024.
Sin embargo, la Comisión Europea ha interpretado estas sentencias de forma que beneficia directamente a Marruecos. FEPEX exige “controles aduaneros diferenciados para los productos procedentes del Sáhara Occidental” y advierte que la política comercial europea “debe evitar favorecer modelos productivos basados en desequilibrios normativos”.
“El avance del tomate de Marruecos frena el desarrollo del sector comunitario”, denuncian los productores. Vox ha exigido reiteradamente la derogación de este acuerdo que “arrastra al campo español”, frente a la pasividad o complicidad de PP y PSOE en Bruselas.
Esta situación no solo destruye empleo en España, sino que pone en riesgo la soberanía alimentaria europea al depender cada vez más de importaciones sin reciprocidad real.
Es hora de priorizar al productor nacional frente a la agenda globalista
La izquierda y el centrismo europeísta han convertido la agricultura española en víctima de su ideología: apertura comercial sin condiciones, ecologismo radical que encarece la producción local y desprecio por el campo tradicional.
La consecuencia es clara: cientos de millones en pérdidas, abandono de explotaciones y mayor dependencia exterior. Mientras Marruecos expande su superficie (con previsiones de crecimiento del 1000% en ciertas zonas del Sáhara dirigidas a la UE), los invernaderos españoles cierran o reducen producción.
Es urgente exigir reciprocidad total en normas y controles, suspender las preferencias que distorsionan el mercado y defender una política comercial que ponga por delante los intereses de España y de Europa, no los de terceros países.






