En un momento en que los consumidores españoles pagan precios exorbitantes por productos básicos como el pollo o el atún, la Unión Europea, bajo el mando de Úrsula von der Leyen, parece decidida a destruir el sector primario nacional. No es una crisis accidental, sino una estrategia deliberada que prioriza intereses globalistas sobre la soberanía alimentaria de España. Mientras nuestros agricultores y pescadores luchan contra regulaciones asfixiantes, Bruselas abre las puertas a importaciones baratas y de dudosa calidad de países como Marruecos, Ucrania o Australia, que no cumplen las mismas normas estrictas impuestas a los productores europeos. Esta hipocresía no solo arruina a familias enteras dedicadas al campo y al mar, sino que encarece la cesta de la compra para todos, alimentando una inflación que golpea duramente a la clase media y trabajadora.
El escándalo del pollo: importaciones tóxicas y precios inflados
Trabajadores del sector avícola denuncian que la UE está inundando el mercado con millones de pollos procedentes de Marruecos, Ucrania y Australia, sin que estos cumplan las rigurosas condiciones sanitarias y ambientales que se exigen a los productores locales. ¿Cómo es posible que, con tal avalancha de importaciones, el precio del pollo siga por las nubes? La respuesta radica en una política perversa que favorece a grandes multinacionales y condena a la ruina a los granjeros españoles.
Un testimonio directo lo ilustra: «Cristina…trabajo en una fábrica donde se hacen nuggets de pollo y no te puedes imaginar en qué condiciones llega el pollo de Marruecos y de Ucrania. Antes el pollo era de una empresa de Murcia, pero ahora se ve que no tienen mucho dinero y lo traen de esos países, llega el pollo verde fosforito, pero con productos que le echan lo dejan impecable». Esta denuncia revela la cruda realidad de unas importaciones que llegan en condiciones deplorables pero se «maquillan» para el consumidor.
Otro ejemplo expone la doble moral de la UE: «La UE encierra gallinas por la gripe aviar, pero abre la puerta al pollo de Marruecos, producido con estándares que aquí serían inadmisibles». Organizaciones del sector han sido contundentes: “La UE abre sus puertas al pollo de Marruecos y despluma a nuestros ganaderos”, argumentando que estas importaciones no cumplen con la normativa europea en sanidad y bienestar animal, lo que genera una competencia desleal.
A esto se suma el levantamiento de restricciones a Ucrania y los acuerdos con Mercosur, que permiten entradas masivas de pollo industrial controlado por oligopolios extranjeros. Mientras, la UE veta el pollo estadounidense por cloración, pero ignora riesgos similares en Marruecos. Esta inundación de productos baratos y potencialmente peligrosos no baja los precios al consumidor; al contrario, los infla artificialmente al destruir la producción local y crear monopolios importadores. ¿por qué Bruselas protege a competidores externos mientras asfixia a los nuestros?
La pesca española, acorralada: limitaciones absurdas que favorecen a gigantes extranjeros
En el sector pesquero, la situación es aún más alarmante. España, con la mayor flota de la UE, ve cómo Bruselas limita drásticamente los días de pesca, condenando a la pesca tradicional mientras beneficia a grandes compañías de otros países. El atún, uno de los productos estrella, sufre restricciones severas que no aplican a la pesca de gran altura, dejando a miles de familias españolas en la ruina.
Reglamentos europeos establecen cuotas estrictas para el atún rojo, obligando a estados como España a asignar porciones específicas incluso para la pesca recreativa. En el Mediterráneo, el acuerdo de arrastre reduce días de faena de 130 a solo 27 al año, un recorte del 79% que amenaza con el colapso de la pesca artesanal. Mientras, flotas de países terceros operan sin límites similares, importando pescado que inunda el mercado europeo.
Informes denuncian estructuras de poder en la UE que favorecen a grandes corporaciones sobre la pesca sostenible y tradicional. En Canarias, la pesca artesanal está al borde del colapso por falta de capturas y ayudas insuficientes, mientras modelos globales benefician a flotas industriales. En lugar de negociar con España, la UE nos impone vetos que entregan el mercado a competidores extranjeros, como en el océano Índico, donde barcos europeos contribuyen al agotamiento de especies como el atún.
Los altos precios y la tiranía von der Leyen
Los consumidores pagamos el pato: precios del pollo y el atún disparados pese a las importaciones masivas, porque la destrucción del sector local crea escasez artificial y monopolios. Von der Leyen, esa burócrata no elegida directamente, critica que los agricultores vendan por debajo de costes, pero sus políticas agravan el problema con recortes en pagos básicos y desarrollo rural, disfrazados de «Objetivo Rural». Es una hipócrita que entierra promesas a los agricultores tras protestas, priorizando agendas globalistas que nos dejan sin soberanía alimentaria.
Sus ofertas de un 10% extra en gasto agrícola son una cortina de humo. Von der Leyen es el rostro de una UE que traiciona a sus ciudadanos, favoreciendo corporaciones y terceros países mientras nos condena a precios abusivos y dependencia externa.






