El frágil equilibrio parlamentario de Pedro Sánchez se desmorona como un castillo de naipes ante los ojos de la nación. Lo que comenzó como una alianza inestable, forjada en concesiones controvertidas, ahora se revela como un fiasco absoluto. Junts per Catalunya, liderado por el fugado Carles Puigdemont, ha anunciado la ruptura unilateral con el PSOE, dejando al Ejecutivo en una minoría absoluta que amenaza con paralizar cualquier intento de gobernabilidad. Pero el golpe no viene solo: Coalición Canaria acusa al Gobierno de «repetir la misma mentira» sobre transferencias pendientes y exige una moción de confianza, mientras el PNV advierte que «un Parlamento sin mayoría ni Presupuestos no es muy sostenible». ¿Estamos ante el principio del fin para Sánchez, o solo otro episodio de su maquiavélica supervivencia política?
Comencemos por el epicentro del terremoto: Junts ha decidido por unanimidad romper su pacto de investidura con el PSOE, acusando al Gobierno de incumplimientos flagrantes. Puigdemont, desde su refugio en Perpiñán, no escatimó en críticas: «Un pacto que no se ejecuta es un acuerdo roto», declaró, advirtiendo que Sánchez «no tendrá Presupuestos ni capacidad de gobernar». Esta decisión, que será sometida a consulta militante esta semana, no es un capricho independentista, sino la culminación de tensiones acumuladas. Pero confrontemos esto con la realidad: ¿no es esta ruptura una oportunidad para que España se libere de chantajes territoriales? Junts retira su apoyo parlamentario, pasando a la oposición y respaldando solo iniciativas puntuales que beneficien a Cataluña. El debate está servido: un Gobierno que pierde aliados regionales no puede pretender representar a toda España.
No contentos con este mazazo, Coalición Canaria se suma al éxodo, culpando al PSOE de incumplir acuerdos clave y exigiendo que Sánchez se someta a una cuestión de confianza. Los nacionalistas canarios acusan al Gobierno de «sacar a Canarias del mapa» mientras prioriza otros territorios. Esta deserción no es menor: CC fue socio de investidura, y su retirada expone la debilidad crónica del Ejecutivo.
Y para rematar, el PNV lanza una advertencia letal: sin Presupuestos y en minoría, la legislatura es insostenible. La ruptura con Junts deja al PSOE sin la aritmética necesaria para avanzar. Las consecuencias son claras: reformas judiciales estancadas, políticas territoriales bloqueadas y una soledad parlamentaria que ha visto al Ejecutivo ganar solo 66 votaciones en lo que va de legislatura. ¿No es esto el colapso anunciado? Mientras Moncloa ningunea la crisis, proyectando calma y deseando gobernar incluso sin cuentas públicas y demostrando que es un gobierno erosionado por escándalos de corrupción. El debate es claro: ¿puede un Ejecutivo en minoría, dependiente de decretos y alianzas tóxicas, reclamar legitimidad? La respuesta, no; es hora de elecciones para que el pueblo decida, no un atrincheramiento en Moncloa.






