El activista vinculado a Podemos Antolín Pulido ha generado una oleada de indignación tras sus declaraciones en el canal de YouTube Círculo TV, en un episodio que desnuda la radicalización extrema de la izquierda española; El personaje animó a que quienes opten por la eutanasia asesinen previamente a “siete u ocho” personas de derechas. Esta provocación no solo revela un discurso de odio profundo, sino que cuestiona los límites de la tolerancia en un país donde las instituciones progresistas parecen mirar hacia otro lado ante este tipo de incitaciones.
La polémica declaración que sacude a España
Antolín Pulido, conocido por su militancia en círculos comunistas y su activismo en Podemos, realizó estas presuntas afirmaciones durante una emisión en Círculo TV. Según el fragmento difundido ampliamente en redes, el activista, que supuestamente participa en campañas de prevención del suicidio juvenil, aconseja a quienes expresan deseos de quitarse la vida: “Eres libre de hacerlo, pero antes de matarte, mata por lo menos a siete u ocho fascistas y luego ya te matas”. Wall Street Wolverine y una multitud de usuarios de X se hicieron eco de ello:
Esta retórica no es un desliz aislado. Pulido, con un historial de participación en brigadas internacionales y posturas marxistas combativas, ha convertido el enfrentamiento ideológico en una llamada explícita a la violencia selectiva. En lugar de ofrecer apoyo real o alternativas constructivas, opta por alimentar el resentimiento y la confrontación. Tal posicionamiento expone la hipocresía de una izquierda que promueve leyes como la de eutanasia mientras normaliza el odio hacia quienes no comparten su visión ideológica.
“El problema de la ultraderecha en España…” – frases como esta, extraídas de contextos similares, ilustran cómo estos activistas justifican cualquier exceso en nombre de una supuesta “lucha antifascista”. Sin embargo, la realidad demuestra que el verdadero peligro radica en este tipo de discursos que pueden animar e incitar a actos irreparables en una sociedad ya fracturada.
El contexto de un activismo que fomenta la división
Antolín Pulido no surge de la nada. Su trayectoria incluye experiencias en zonas de conflicto y una dedicación a causas que, bajo la bandera de los derechos humanos, derivan frecuentemente en ataques directos contra la derecha española. Vinculado a entornos de Podemos, representa esa ala radical que ve en cualquier discrepancia ideológica una amenaza existencial.
Mientras el Gobierno de coalición izquierdista impulsa políticas que debilitan la seguridad y la unidad nacional –desde la gestión de la inmigración descontrolada hasta reformas judiciales que protegen a sus aliados–, figuras como Pulido escalan el tono hacia lo inaceptable. Sus palabras no solo atentan contra la convivencia, sino que ponen de relieve el fracaso de un modelo político que prioriza el sectarismo sobre el bien común.
En contraste con una derecha que defiende la ley, el orden y las tradiciones españolas, esta izquierda extrema responde con animación al asesinato. ¿Dónde están las condenas firmes de PSOE y sus socios? El silencio o la tibieza habituales demuestran complicidad.
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Las consecuencias de normalizar el odio en la esfera pública
Esta polémica trasciende a un individuo. Revela un patrón preocupante en ciertos canales y plataformas de izquierda, donde el debate se sustituye por la apología de la violencia. Círculo TV, dirigido por Joseda, ha acogido contenidos que rozan el extremismo, recordando episodios anteriores en los que se hablaba abiertamente de “cacerías de fascistas”.
La creciente tensión social, puede inspirar a desequilibrados y agravar la brecha entre españoles. La derecha, a menudo demonizada como “facha” por estos activistas, representa mayoritariamente a ciudadanos preocupados por la economía, la seguridad y la identidad nacional, frente a políticas izquierdistas que han llevado a España a niveles récord de desempleo juvenil, inseguridad y dependencia externa.
Medios y autoridades deberían investigar si estas declaraciones constituyen delito de odio, en lugar de ampararse en la “libertad de expresión” selectiva que tanto defienden cuando les conviene. La impunidad alimenta la escalada. Mientras tanto, la sociedad civil demanda cordura y rechazo frontal a quienes utilizan el dolor ajeno –como el suicidio– para promover agendas destructivas.
Que Antolín Pulido anime al asesinato de personas de derechas es un claro síntoma de una izquierda que, ante su pérdida de credibilidad, recurre al extremismo verbal y potencialmente real. Frente a esto, es urgente defender una España unida en torno a valores de libertad, prosperidad y respeto mutuo, alejada de los dogmas fracasados del socialismo radical.






