Un año ha transcurrido desde aquella fatídica Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) que arrasó Valencia y regiones colindantes, dejando un saldo de 229 víctimas mortales en la provincia y un total de 237 fallecidos en todo el territorio afectado. Mientras los medios progresistas insisten en cargar las tintas contra el presidente valenciano Carlos Mazón, exigiendo su dimisión en manifestaciones masivas como la de este fin de semana –donde más de 50.000 personas gritaron «Mazón, dimisión»–, la verdadera catástrofe radica en el desmoronamiento estructural del modelo autonómico, un laberinto burocrático que ha demostrado su ineficacia absoluta en momentos de crisis nacional.
Es hora de confrontar los titulares sensibleros y las narrativas interesadas: no fue solo una «reacción tardía» del gobierno regional lo que falló, sino un sistema entero de competencias fragmentadas que genera confusión, retrasos y un incremento exponencial de costes. ¿Cómo es posible que, en una emergencia de esta magnitud, el Estado central y las autonomías se pasen la pelota, dejando a los ciudadanos desprotegidos? La DANA no fue un mero accidente meteorológico; fue la prueba irrefutable de que el Estado de las Autonomías es un fracaso histórico, un modelo que prioriza el separatismo y la dispersión sobre la unidad y la eficiencia.
Vox, con su habitual claridad, no ha dudado en señalarlo: «La gestión de la DANA demuestra el fracaso del sistema autonómico», declararon sus portavoces, proponiendo incluso un ahorro inmediato de 100.000 millones de euros al desmantelar esta «burrocracia» infinita. Jorge Buxadé, vicepresidente de Vox, lo expresó sin tapujos: «El Estado de las Autonomías es un cadáver político y sólo falta ver cómo se desploma; sus defensores son como un animal herido». Estas voces, a menudo silenciadas por el establishment, abren un debate necesario: ¿por qué seguimos aferrados a un esquema que, en Valencia, transforma una catástrofe natural en un caos administrativo? «La tragedia de la gota fría mostró con crudeza lo que muchos llevamos años denunciando: el modelo autonómico es un fracaso. Un laberinto de burocracia que impide respuestas rápidas y coordinadas».
Mientras la izquierda explota el dolor para atacar a Mazón –ignorando que el Gobierno central de Sánchez también brilló por su ausencia –, el verdadero escándalo es sistémico. ¿no es hora de recentralizar competencias clave en emergencias para evitar que el sectarismo autonómico cueste vidas?
Es imperativo abrir un debate nacional sobre la reforma constitucional: recentralizar la gestión de emergencias, eliminar duplicidades y priorizar la unidad de España sobre los feudos regionales. Solo así honraremos a las víctimas y evitaremos que el próximo diluvio nos encuentre divididos.






