España es un país fuerte. Hemos sobrevivido a crisis económicas, a pandemias, a guerras, a Podemos, a la inundación de la zona del puente Carranza…
Pero hay líneas rojas. Límites. Fronteras invisibles que no se deben cruzar jamás.
Y esta semana hemos estado a punto de cruzar una: quedarnos sin Cruzcampo en plena Semana Santa. El Despojao habría sido más de uno, que sí que se habría sentido despojao pero de verdad. Se habría cambiado por el Cristo sin dudarlo
Que uno lee la noticia y se le queda la misma cara que puso Falete la primera vez que entró en una herboristería. La plantilla de DHL se declara en huelga y no habrá suministro de Cruzcampo en Semana Santa. Que yo entiendo que los trabajadores tienen su razón y que desde luego tienen derecho a manifestarse, pero hijo… unos cartelitos, un corte de carretera, unas barricadas ardiendo, y si nos podemos duros ya, una coreografía “El explotador eres tú..” y la subís al tiktok, pero… ¡Dejarnos sin Cruzcampo por Dios! ¿Y qué vais a hacer mientras dura la huelga? ¿tomar aquarius?
Se ve que la patronal ha rectificado y gracias a Dios (seguro) la huelga ha sido desconvocada. Normal. Esos hombres querrán pisar la calle. Porque en pleno 2189 aún pueden señalar a uno por ser el nieto del que nos dejó sin Cruzcampo aquella trágica Semana Santa de 2026.
Porque claro, aquí no estamos hablando de logística. Estamos hablando de fe.
La Semana Santa no son solo procesiones. Es una coreografía perfectamente estudiada donde el penitente suda, el cargador sufre… y el resto del mundo se hidrata con una Cruzcampo bien fría. Eso es así. Eso es tradición. Eso no lo mueve ni el Consejo de Ministros.
Así que imagínate el panorama: pasos saliendo, saetas rompiendo el aire… y en los bares, el silencio. El camarero mirando el grifo como quien mira un pozo seco.
Apocalipsis
Y todo por una cosa muy española también: trabajadores hartos de que les tomen el pelo durante casi dos décadas. Porque nos gustará salir de penitentes, pero no somos penitontos. Que esto es lo mejor del asunto. Que mientras medio país estaba preocupado por la posibilidad de quedarse sin espuma, había gente peleando por algo tan básico como que les paguen dignamente y les reconozcan el curro.
Pero aquí viene lo bueno: al final, la huelga se desconvoca y se garantiza el suministro.
Respira España
Andalucía puede seguir oliendo a incienso, azahar… y cebada industrial. El orden natural de las cosas se restablece. Las procesiones seguirán su curso y el ciudadano medio podrá continuar con su ritual más sagrado: pedir otra.
Eso sí, una cosa queda clara: en este país puedes tocar muchas cosas… pero no la cerveza.
Porque entonces ya no hablamos de conflicto laboral.
Hablamos de conflicto armado.






