En España hemos perfeccionado un arte singular: convertir el escándalo en comedia ligera. Mientras en otros países un expresidente imputado por organización criminal, tráfico de influencias y blanqueo de capitales provocaría crisis institucional, dimisiones y protestas masivas, aquí abrimos el móvil y empezamos a fabricar memes. El caso Plus Ultra, que ha llevado a José Luis Rodríguez Zapatero a ser citado como investigado el 2 de junio en la Audiencia Nacional, es el ejemplo más reciente de esta peculiar costumbre nacional.
La trama gira en torno al rescate de 53 millones de euros públicos (¡¡¡53 millones!!!) concedido en 2021 a la aerolínea Plus Ultra a través de la SEPI. Según los informes de la UDEF, Zapatero se sitúa en la cúspide de una presunta red de tráfico de influencias que habría canalizado comisiones irregulares.
La Policía ha registrado su despacho en la calle Ferraz y la empresa de las hijas que también podrían estar «en el ajo» de pasear el dinero, y ha encontrado, entre otros elementos, una caja fuerte con 103 piezas de joyería de alto valor: collares, pendientes, brazaletes, anillos y relojes. Las secretarias consultadas atribuyeron el contenido a herencias familiares y regalos de viajes… Vaya regalos de viajes oiga.
En cualquier democracia consolidada, esto sería motivo de convulsión. Un ex presidente bajo investigación por delitos de esta gravedad ocuparía portadas durante semanas, generaría comisiones parlamentarias de urgencia y pondría en jaque la credibilidad de todas las instituciones desde el funcionariado hasta el gobierno.
Aquí, en cambio, el hashtag #ZapateroPlusUltra se ha llenado de montajes donde el expresidente luce collares como si fuera una influencer de lujo. Memes de Zapatero posando con las joyas, comparaciones con colecciones de rapero o ediciones donde aparece abriendo la caja fuerte como si fuera un tesoro pirata. “Herencia de doña Sonsoles”, “regalos de viajes” o “el joyero de Ferraz” se han convertido en chistes recurrentes. La ironía es inevitable y, al mismo tiempo, reveladora.
Reímos con el meme porque llevamos décadas entrenados en la normalización.
El dinero público desviado —ese que podría haber financiado sanidad, educación o alivio real a familias durante la pandemia— se transforma en material para hilaradas en redes. Sacamos punta al drama porque mirarlo de frente exigiría reconocer algo incómodo: que el robo a gran escala nos condena a la pobreza colectiva mientras nosotros respondemos con carcajadas.
No es que el caso sea gracioso; es que hemos convertido la indignación en un lujo que ya no nos podemos permitir emocionalmente. La ironía alcanza cotas casi literarias. Zapatero, el político que llegó prometiendo un nuevo estilo, diálogo y brotes verdes, termina siendo el primero en declarar como investigado en la Audiencia Nacional por presuntos delitos de corrupción en democracia.
Sus defensores hablan de indicios débiles y persecución política. La izquierda se defiende: todo puede tener una explicación, cada nuevo indicio de la UDEF contra el mesías socialista es una «inventada».
La UDEF, en informes de centenares de páginas, describe una estructura estable donde su despacho habría operado como centro de coordinación. Mientras tanto, el ciudadano que paga religiosamente sus impuestos ve cómo 53 millones de euros —dinero de todos— se convierten en asunto de chistes sobre joyas y herencias, sin decir nada, sonriendo con el móvil en la mano.
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Y ahí está el verdadero drama: la anestesia del humor. Reírnos de las joyas en la caja fuerte nos permite digerir la noticia sin que duela demasiado. “Zapatero el joyero”, “Plus Ultra bling-bling”, montajes con el expresidente luciendo brazaletes y tacones junto al pulpilo presidente acutal. Es humor negro, sí, pero también una forma de autodefensa.
Porque si admitimos la gravedad —que presuntamente se usaron influencias para canalizar fondos públicos mientras muchos españoles pasaban dificultades—, tendríamos que cuestionar no solo a un político concreto, sino el sistema completo volcado de impunidad que hemos tolerado durante años. Estamos tan acostumbrados al escándalo que ya no lo vemos como tal.
Memes y titulares que duran dos días. El robo a paladas —desviar recursos colectivos para beneficio privado— se convierte en folclore español, en salero andaluz y chulería madrileña. Cada caso como este erosiona un poco más la confianza en las instituciones y nos deja un poco más pobres, no solo económicamente, sino como sociedad.
La ironía final es que esta risa colectiva no es inocente. Nos hace cómplices pasivos. Mientras fabricamos el siguiente meme sobre collares y herencias, el dinero que se fue, no vuelve. Los hospitales que no se construyeron, las ayudas que no llegaron, las viviendas que no se construyeron, las oportunidades perdidas permanecen. Zapatero declarará el 2 de junio y ejercerá su derecho a defenderse. La justicia seguirá su curso, como debe ser. Y mientras nosotros reímos, el país se empobrece un poco más, joya a joya, meme a meme.






