Después de un año de rabia colectiva, la dimisión de Carlos Mazón como presidente de la Generalitat no elimina el rastro de su gestión desastrosa durante la DANA que arrasó Valencia. Pero esta catástrofe no es solo un error regional: el Gobierno central de Pedro Sánchez, con su AEMET ineficaz y alertas insuficientes, comparte la culpa en un desastre que se pudo haber evitado. Mientras la izquierda se regocija con la caída de Mazón como un triunfo político, la verdad es que ambos lados del espectro han fallado miserablemente al pueblo valenciano, anteponiendo sus agendas a la protección de vidas. ¿Es momento de demandar responsabilidades a todos?
Mazón, al frente del PP valenciano, ha sido el epicentro de las críticas por su ausencia y decisiones equivocadas en el pico de la crisis. En su declaración institucional de hoy, admitió ser «foco de crítica, ruido y odio», reconociendo de forma implícita los fallos que segaron 229 vidas. Fuentes internas revelan que Mazón llegó tarde al Palau de la Generalitat, cambiando de ropa tras una comida extendida, lo que demuestra una negligencia imperdonable en el momento decisivo. Además, adjudicó contratos de reconstrucción a empresas con vínculos dudosos, lo que plantea interrogantes: ¿fue Mazón un líder incompetente o un gestor que agravó el caos con opacidad? En su anuncio de dimisión, Mazón se mostró roto emocionalmente, declarando: «Ya no puedo más» y «por voluntad personal habría dimitido hace tiempo porque ha habido momentos insoportables, para mí y sobre todo para mi familia». Admitió «errores propios» y apeló a la mayoría para elegir un nuevo presidente, afirmando: «Apelo a esa mayoría para elegir a un nuevo presidente de la Generalitat» y «Sé que el futuro president será capaz de seguir con la reconstrucción, y quizás mi marcha haga que se enfoque esta tragedia con esta tarea». Sin embargo, estas palabras suenan a excusa tardía, evadiendo una autocrítica profunda sobre su rol en la tragedia.
Sin embargo, el Gobierno de Sánchez no puede eludir su parte, ya que la AEMET, bajo su control, emitió alertas vagas y demoradas que no previnieron el horror. Un informe desmiente a la AEMET, mostrando que se avisó de la dirección de la DANA, pero el organismo nacional no respondió con urgencia. Pedro Sánchez acusa a Feijóo de respaldar a Mazón, afirmando que «la gestión fue negligente», pero ignora su propio papel en la falta de coordinación estatal. ¿Por qué no renuncia Sánchez si su negligencia en la prevención nacional fue igual de mortal? Este doble estándar aviva el debate sobre si el centralismo sanchista es el verdadero obstáculo en la gestión de emergencias.
La estrategia del PP ahora es clara: colocar a un presidente provisional en el lugar de Mazón hasta que lleguen las elecciones, un movimiento que busca ganar tiempo pero revela la inestabilidad interna. En Valencia y Alicante hay divisiones evidentes dentro del partido, con tensiones que complican la unidad, pero sí o sí necesitan la ayuda de Vox para mantener el control, ya que el PP gobierna en minoría tras la ruptura anterior. Esta dependencia de Vox expone la fragilidad del centroderecha valenciano, que prioriza alianzas políticas sobre reformas urgentes.
Y aquí surge la pregunta crucial: ¿Vamos a seguir sin hacer obras, con los presupuestos de Europa para enmendar todo lo pasado o no se va a hacer nada y vamos a estar abiertos a nuevas riadas? Casi un año después, los fondos europeos prometidos para reconstrucción y prevención apenas han llegado, con retrasos que dejan a Valencia vulnerable. El Gobierno central ha anunciado miles de millones, pero la ejecución es nula en obras hidráulicas clave, mientras el PP regional se enreda en transiciones sin avanzar en infraestructuras. Esta parálisis bipartidista convierte una tragedia en un ciclo perpetuo de riesgos, donde las vidas valencianas son rehenes de la inacción política.
Ni el PP de Mazón ni el PSOE de Sánchez pusieron la seguridad ciudadana primero, transformando un desastre natural en un fiasco político compartido.






