Resulta alarmante presenciar cómo el Gobierno de Pedro Sánchez transforma una pregunta periodística en un acto de lesa patria. David Alandete, corresponsal de ABC y COPE en Washington, se ha convertido en el chivo expiatorio de un régimen que no tolera ni el mínimo escrutinio internacional. Al formular una pregunta legítima a Donald Trump sobre el bajo gasto español en Defensa —apenas un 1,29% del PIB, lejos del 2% comprometido con la OTAN—, Alandete ha desatado una tormenta de acusaciones que huele a totalitarismo puro. El ministro de Transportes, Óscar Puente, no ha dudado en tildarlo de «poco patriota» en X, insinuando que el periodista abusa de su acreditación en la Casa Blanca para «preguntarle todos los días a Trump por los supuestos incumplimientos de España con la OTAN». ¿Supuestos? Trump, líder de la Alianza Atlántica, ha sido tajante: «España muy baja, España muy baja», y ha llegado a sugerir su expulsión o aranceles como represalia, en una rueda de prensa el 18 de octubre donde Alandete sólo pedía aclaraciones sobre sanciones ya anunciadas previamente por el propio presidente estadounidense.
Esta no es una anécdota aislada, sino el engranaje de una maquinaria represiva que asfixia la libertad de prensa. La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) ha salido al quite con un comunicado demoledor: «Aunque [Puente], como cualquier ciudadano, puede manifestar libremente sus opiniones, tiene también la obligación de respetar el derecho de los periodistas a la libertad de expresión», recordando que este derecho, amparado en el artículo 20 de la Constitución, debe ser especialmente garantizado por quienes ostentan cargos públicos.
Este escándalo ilustra la hipocresía de un sanchismo que predica la pluralidad pero la ahoga cuando le pincha. Alandete, en una respuesta magistral en COPE, ha desmontado la narrativa oficial: «Me ha sorprendido que hacerle una pregunta al presidente Trump sea una muestra de falta de patriotismo». Y añade, con datos irrefutables: desde enero, ha interrogado a Trump nueve veces —cinco sobre Venezuela, solo dos sobre España—, mientras que en cuatro visitas de Sánchez a EE.UU. y Brasil, nunca ha podido formularle ni una sola cuestión al presidente español. En X, el propio Alandete ha sido directo: «Si Pedro Sánchez quiere refutar a Donald Trump, que lo haga directamente, no censurando preguntas».
Este episodio no solo mancha al Gobierno, sino que alerta sobre un retroceso democrático: ¿Cuánto tardaremos en ver mordazas oficiales a preguntas internas? La libertad de prensa no es un lujo; la dictadura sanchista no será un titular sensacionalista, sino una realidad que ahoga a España en su propio aislacionismo.







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