En un momento decisivo para la integridad de España, donde el Gobierno de Pedro Sánchez se desmorona bajo escándalos de corrupción que llegan hasta el corazón de La Moncloa, Alberto Núñez Feijóo elige la inacción y opta por una simple «concentración cívica». La imagen de un líder del PP que prioriza el espectáculo vacío sobre la confrontación real en el Congreso.
Mientras Vox, liderado por Santiago Abascal, demanda una moción de censura inmediata para desalojar al sanchismo corrupto, el PP se expone como una oposición tibia, casi cómplice por su omisión en la degradación institucional.
Esta actitud no solo fractura la derecha, sino que empodera a Sánchez, permitiéndole evadir la justicia una vez más. Examinemos los hechos con fuentes variadas, promoviendo un debate esencial sobre quién defiende verdaderamente los principios conservadores en España.
Santiago Abascal ha sido directo al calificar la conducta de Feijóo como una «estafa» a los españoles.
En sus declaraciones: «Que dejen de eludir sus responsabilidades fingiendo una normalidad institucional que no existe, que dejen de convocar manifestaciones partidistas, y que Feijóo haga lo que tiene que hacer: presentar YA una moción de censura para que todo el mundo se retrate».
Esta crítica surge tras la convocatoria del PP de una protesta este domingo 30 de noviembre en Madrid, motivada por el ingreso en prisión de José Luis Ábalos y Koldo García, pilares del entramado corrupto del PSOE.
Sin embargo, Feijóo descarta la moción argumentando que «hasta ahora no la he presentado y visto lo visto, creo que he acertado».
¿Acertado? Más bien un cálculo egoísta para mantener pactos ocultos y preservar el bipartidismo PP-PSOE.
Vox demuestra ser la oposición genuina y frontal: ha impulsado dos mociones de censura previas, ha demandado judicialmente a Sánchez en repetidas ocasiones y ha votado en contra de todas las propuestas gubernamentales.
Esto contrasta con la pasividad del PP, que, convoca manifestaciones pero evita la moción tras la prisión de Ábalos, limitándose a tildar a Sánchez de «la manzana podrida que lo ha podrido todo» sin avanzar a la acción.
El PP anhela un PSOE ‘domesticado’ para alternarse en el poder, pero Vox busca extirpar la corrupción de raíz, sin medias tintas.
Incluso desde ángulos críticos con la derecha, se ridiculiza la postura del PP: «Feijóo no presenta una moción de censura porque no quiere, no porque Junts le haya dicho que se vaya a mamarla a Parla. Que ridículo en sesión continua…».
Estas opiniones refuerzan el llamado de Vox: la moción no es solo un instrumento parlamentario, sino un retrato que forzaría posiciones claras, como Abascal ha enfatizado en encuentros previos con Feijóo, donde el asunto ni se profundizó.
Estas críticas recientes subrayan que la inacción del PP divide la derecha y prolonga la agonía del sanchismo.
El debate es ineludible: ¿por qué el PP rehúye una moción que, aunque no triunfe, expondría las alianzas venenosas de Sánchez y cohesionaría la oposición?
Si Feijóo persiste en esta senda, Sánchez se escabullirá, y el PP se erigirá como el auténtico facilitador del sanchismo. Si no puedes con Sánchez, deja paso a otro porque acabarás cediendo el timón a Vox.






