En un mundo saturado de predicciones apocalípticas, el Boletín de los Científicos Atómicos ha ajustado su simbólico Reloj del Juicio Final a 85 segundos de la medianoche. Esto se debe a «riesgos catastróficos» como tensiones nucleares, avances en inteligencia artificial y el cambio climático. Pero, ¿no hemos oído esto antes? Este reloj no es más que un instrumento de propaganda para sembrar miedo y justificar agendas ideológicas de izquierda. Nosotros no creemos en el cambio climático como amenaza existencial, y estos alarmismos solo manipulan a la población, erosionan la confianza en instituciones y distraen de problemas reales.
El origen y la inflación del reloj
Creado en 1947 para alertar sobre amenazas nucleares, el reloj se ha inflado con riesgos como la IA y el clima, diluyendo su propósito. Críticos como el psicólogo Steven Pinker lo llaman «inexacto y alarmista», argumentando que mezcla riesgos sin base científica. ¿Por qué tomar en serio un símbolo que predice el apocalipsis durante décadas sin que ocurra nada catastrófico?
El cambio climático: el gran engaño
El Boletín insiste en que la inacción climática nos empuja al abismo, pero ignora fallos en predicciones pasadas. En los años 70, se advertía de una era glacial, para luego pivotar al calentamiento. Fuentes escépticas como el Instituto Americano de la Empresa (AEI) ridiculizan el reloj: «Dado el historial del Reloj del Juicio Final, quizás deberíamos sentirnos bastante bien sobre el estado del mundo». Michael Shermer, en una entrevista escéptica, critica cómo combina amenazas de manera arbitraria, fomentando pánico en lugar de evidencia. El escepticismo no es negacionismo; es sentido común ante datos manipulados para promover impuestos y regulaciones que asfixian economías.
El impacto psicológico del alarmismo
Este miedo no es inocuo: corroe la psique colectiva y paraliza generaciones. Un ejemplo son los jóvenes que cuestionan tener hijos por un planeta «inhabitable». La urgencia es saludable. El alarmismo es peligroso. El Boletín no informa; aterroriza, beneficiando elites que se lucran con el miedo.
Mientras los críticos etiquetan a este reloj como alarmista, los de izquierdas lo ven como una herramienta diagnóstica. Pero ¿herramienta para qué? Para impulsar sus políticas progresistas que priorizan control sobre prosperidad. Rechazamos este pesimismo fabricado; la humanidad supera crisis con innovación y libertad, no relojes simbólicos.






