En un movimiento que huele a censura ideológica pura, el rector de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), Joxerramon Bengoetxea, ha optado por cerrar el campus de Vitoria este lunes 23 de febrero de 2026, con el pretexto de evitar riesgos de seguridad ante un acto informativo de Vox. Esta decisión no solo expone la hipocresía de una institución que permite la libre circulación de grupos radicales de izquierda abertzale, sino que atenta contra los principios básicos de libertad de expresión y pluralismo en el ámbito académico. ¿Estamos ante una universidad democrática o ante un feudo controlado por agendas partidistas?
La decisión del rector: ¿Censura selectiva?
El rector Bengoetxea justifica el cierre alegando la necesidad de un «cordón sanitario» contra lo que califica como mensajes totalitarios de Vox, vinculando el acto al aniversario del 23F. En un artículo publicado en El Diario Vasco, defiende su «plante» ante Vox, insistiendo en minimizar riesgos y garantizar la seguridad. Sin embargo, Vox rebate esta interpretación: «Hay que tener mucha imaginación para inventarse que nuestra mesa informativa reivindica el 23F. El objetivo es denunciar las dianas contra Santi Abascal en un entorno universitario permisivo», responde el partido en sus canales oficiales.
Esta medida afecta a miles de estudiantes, trasladando toda la docencia a formato telemático, y revela un sesgo claro: mientras se cierran puertas a un partido constitucional, grupos como GKS y Ernai –herederos ideológicos de ETA, según Vox– operan con impunidad en el campus. El rector, respaldado por EH Bildu, se reafirma en su posición, pero ignora las críticas por no mencionar a los radicales que generan violencia real.
Reacciones internas: profesores alzan la voz contra la hipocresía
Cuarenta profesores de la UPV han firmado un comunicado rechazando el cierre, denunciando la «hipocresía» del rectorado por permitir que «grupos ultranacionalistas campen a sus anchas en los centros educativos sin hacer frente a sus desmanes». Este texto, secundado por tres exvicerrectores, amplía el descontento interno y cuestiona por qué se carga contra Vox mientras se tolera la intolerancia de la izquierda radical.
Incluso el Gobierno Vasco ha criticado la omisión de referencias a los grupos que llaman a enfrentarse a Vox, exponiendo las grietas en esta narrativa sesgada. Santiago Abascal, líder de Vox, no se sorprende: «No me sorprende en absoluto del separatismo vasco; han pegado tiros en la nuca, que nos cierren la universidad a nosotros casi parece una cosquilla, pero vamos a seguir adelante».
Aliados del rector: sindicatos Abertzales magnifican el conflicto
Sindicatos como LAB, ELA y Steilas, aliados del rector, llaman a protestar contra Vox, copiando el argumentario de la UPV: «Si [Vox] ha elegido un campus de una capital de Euskal Herria para ese acto, está claro cuál es su objetivo: provocar disturbios, alimentar la polarización y dar pasto a sus seguidores». Esta convocatoria, programada hora y media antes del acto de Vox, alimenta el riesgo de disturbios que ellos mismos denuncian.
EH Bildu secunda al rector, calificando el cierre como «responsable», lo que evidencia una alianza ideológica que convierte la universidad en un bastión de la izquierda nacionalista. En cambio, Vox anuncia acciones jurídicas para impugnar esta medida, defendiendo su derecho a denunciar amenazas como las dianas contra Abascal.
Contexto más amplio: un patrón de censura en las universidades españolas
Este incidente no es aislado. Recuerda vetos similares en otras universidades, como la Complutense, donde se impidió la presencia de Vox mientras se permitía la intolerancia interna. La UPV, con su monolito en recuerdo a víctimas de ETA como Fernando Buesa, debería ser un espacio de diálogo, no de exclusión selectiva.
La tormenta en la UPV crece, y la sociedad debe cuestionar si estas instituciones públicas priorizan la neutralidad o sirven a agendas partidistas. El cierre no solo priva a estudiantes de educación presencial, sino que envía un mensaje peligroso: en la UPV, la libertad depende del color político.






