Red Eléctrica de España (REE), el operador del sistema, ha emitido una alerta urgente a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) sobre el riesgo de un nuevo apagón o problemas de seguridad en el suministro eléctrico peninsular. La principal causa es la detección de «variaciones bruscas de tensión» en el sistema durante las últimas semanas.
La alarma: oscilaciones y desestabilización
REE advierte que, si bien estas oscilaciones se mantienen por el momento «dentro de los márgenes establecidos», de no tomarse medidas, las variaciones podrían «desencadenar potencialmente desconexiones de demanda y generación que terminen desestabilizando el sistema eléctrico» y provocar un apagón en cascada.
El operador del sistema relaciona directamente estas variaciones bruscas con los cambios rápidos de programa de la generación renovable (solar y eólica), así como con la velocidad de respuesta de las fuentes encargadas del control dinámico de tensión.
La causa estructural: inercia reducida y protocolos obsoletos
La vulnerabilidad del sistema se debe a un cambio estructural en la matriz energética española:
- Menor inercia eléctrica: La masiva entrada de energías renovables ha sustituido la masa rotatoria de las centrales convencionales (que aportaba inercia síncrona) por electrónica de potencia. Este cambio hace que el sistema sea más sensible y vulnerable a perturbaciones como las variaciones de tensión y frecuencia.
- Protocolos anticuados: REE argumenta que los protocolos de protección actuales, algunos vigentes desde 1996, están obsoletos y no se adaptan a la realidad de un sistema con una alta penetración renovable, donde las sobretensiones son un riesgo creciente.
El precedente del apagón
Esta preocupación de REE se fundamenta en un incidente reciente. La alerta se produce tras el apagón que afectó a grandes zonas del país el pasado 28 de abril de 2025, cuyo origen fue señalado en los informes oficiales como una «cascada de sobretensión» que desestabilizó la red.
Por ello, REE insta a la CNMC a la aprobación e implementación urgente de cambios en los procedimientos de operación, especialmente en la regulación del control de tensión y el comportamiento de las instalaciones renovables, con el objetivo de mitigar el riesgo de un nuevo incidente grave.
En un momento en que la estabilidad energética debería ser prioridad absoluta, el Ejecutivo liderado por Pedro Sánchez persiste en su cruzada ideológica contra la energía nuclear, ignorando las advertencias de expertos y operadores del sistema. El riesgo de un nuevo apagón masivo en España no es una hipótesis lejana, sino una amenaza inminente, agravada por la decisión de cerrar las centrales nucleares que garantizan la firmeza del suministro eléctrico. Esta obsesión verde, que prioriza dogmas ambientales por encima de la realidad económica y técnica, nos aboca a una dependencia mayor de fuentes intermitentes y caras, como las renovables sin respaldo suficiente. Esta política no solo encarece la electricidad, sino que pone en jaque la competitividad industrial y la seguridad de los hogares españoles
¿Por qué insistir en cerrar instalaciones que aportan el 20% de la electricidad de forma limpia y estable, cuando el exceso de renovables ya ha demostrado su vulnerabilidad? El apagón de abril reabrió esta discusión, con expertos como Patricia Rubio advirtiendo del impacto en empleo y estabilidad. Incluso la Comisión Europea reconoce la nuclear como energía verde, pero aquí prevalece el capricho de figuras como Teresa Ribera, quien promueve nucleares en otros países mientras las apaga en España.







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