La crónica de un desastre anunciado
El 28 de abril de 2025, España y Portugal sufrieron el mayor apagón de su historia contemporánea. A las 12:33 horas, 15 gigavatios de generación desaparecieron en apenas cinco segundos, dejando a oscuras a millones de hogares, paralizando transportes, hospitales y la economía. Hoy, casi un año después, los audios revelados en la comisión de investigación del Senado confirman lo que muchos denunciábamos: el sistema eléctrico español se tambaleaba por la entrada masiva de energía solar y la insuficiente presencia de nuclear.
Según los audios a los que ha tenido acceso OKDIARIO, los propios operadores de Red Eléctrica (REE) reconocían el problema con crudeza. En una conversación del mismo día del apagón, a las 11:04 horas, un operador explica las oscilaciones: «Es por la entrada de la solar, hay poca nuclear». Minutos después, el colapso total.
«Ahora le echo un ojo y te aviso».
Esa fue la respuesta. Ese “ojo” no sirvió de nada.
Avisos ignorados semanas antes
No fue un hecho aislado. Los audios demuestran que los problemas se venían arrastrando desde al menos el 16 de abril de 2025. Un operador de una compañía eléctrica alertaba de picos de tensión: «Estamos sufriendo picos de tensión que nos están obligando a regular en todas las subestaciones». La respuesta desde REE fue clara:
«Es porque apenas hay nuclear en el sistema… Ya pasó ayer tarde y no es algo puntual».
Dos días antes del desastre, el 26 de abril, otra llamada denunciaba «un montón de oscilaciones». REE contestaba sin rodeos: «Sí, es por problemas de la fotovoltaica».
Estas grabaciones no dejan lugar a dudas: la red operaba con alta penetración de renovables intermitentes (hasta el 60% solar en algunos momentos) y escasa inercia síncrona que solo la nuclear y otras fuentes convencionales pueden proporcionar. El resultado fue un “hueco de tensión” que desencadenó la cascada de desconexiones.
El dogma ideológico frente a la realidad técnica
El Gobierno de Pedro Sánchez, con su ministra de Transición Ecológica al frente, ha negado sistemáticamente cualquier relación entre el apagón y la política de renovables. Sin embargo, los audios y los informes técnicos posteriores contradicen esa versión oficial. Expertos y operadores del sector llevaban meses advirtiendo que la combinación de solar masiva sin almacenamiento suficiente y el progresivo cierre o reducción de nuclear generaba inestabilidad.
La nuclear proporciona inercia y estabilidad a la red; la solar fotovoltaica, en cambio, es volátil y depende de las condiciones atmosféricas. Priorizar la primera sobre la segunda por motivos ideológicos —el famoso “fanatismo climático”— no es una opción ecológica, es un riesgo para la soberanía energética y la seguridad de los españoles.
Medios como ABC o EL INDEPENDIENTE ya señalaban tras el apagón que “la falta de nucleares y el ‘boom’ de las renovables tumbaron la red”. Vox ha sido la única fuerza política que desde el primer momento exigió responsabilidades, la paralización del cierre nuclear y la revisión urgente del modelo impuesto por el Pacto Verde europeo.
Consecuencias que nadie quiere asumir
El apagón no fue solo un apagón de luces: provocó muertos, pérdidas millonarias, caos en hospitales y transporte, y dejó en evidencia la fragilidad de un sistema que depende de fuentes intermitentes sin respaldo real. Meses después, el Congreso tumbó el decreto “antiapagones” del Gobierno gracias a los votos de PP, Vox y otros grupos, precisamente porque no abordaba el problema de fondo: la descarbonización ideológica sin garantías técnicas.
Es hora de elegir entre dogma y realidad. O se mantiene el rumbo suicida de cerrar nucleares y multiplicar placas solares sin orden ni concierto, o se prioriza la seguridad del suministro, la soberanía y el bienestar de los españoles.
La izquierda y sus aliados —incluido un PP demasiado tibio— siguen defendiendo el mismo modelo que nos llevó al colapso. Vox lleva años advirtiendo de este peligro y proponiendo medidas concretas: alargar la vida de las nucleares, frenar la expansión desordenada de renovables, reforzar la red y derogar la Ley de Cambio Climático que nos ata de manos.
Los audios de la desesperación en Red Eléctrica no son solo un testimonio histórico. Son la prueba irrefutable de que la agenda verde impuesta por Sánchez y sus socios pone en riesgo la vida diaria de todos los españoles.
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