Pedro Sánchez ha posado sonriente junto a Donald Trump en la Cumbre de la Paz en Egipto, como si nada hubiera pasado tras las amenazas del magnate estadounidense de expulsar a España de la OTAN. Esta instantánea no es más que un burdo truco para desviar la atención de los graves casos de corrupción que salpican a su esposa, Begoña Gómez, y al propio Gobierno socialista. Mientras el juez Peinado prorroga la investigación contra ella hasta abril de 2026 por delitos como tráfico de influencias, corrupción en los negocios y malversación, Sánchez juega al despiste internacional pero, ¿casualidad o cálculo político? analicemos este circo y abramos el debate: ¿es Sánchez un maestro del engaño o solo un oportunista acorralado?
El momento en cuestión, capturado ayer durante la firma del acuerdo de paz en Gaza, muestra a Sánchez y Trump en un apretón de manos que ha sido interpretado por algunos como un «tirón-contratirón» de resistencia. Pero la realidad es más cruda: Trump domina la escena, y Sánchez parece un invitado de segunda fila desesperado por aparecer en el marco. ¿Tregua? Más bien una humillación disfrazada de victoria.
En la cumbre, Trump le recordó a Sánchez el compromiso de aumentar el gasto en defensa: “¿Estáis trabajando con el tema del PIB? Nos acercaremos, pero estáis haciendo un trabajo fantástico”. Recordemos que Pedro Sánchez acusó a Trump de «sumir al mundo en una crisis injustificada», que en junio chocaron en la cumbre de La Haya por el gasto en Defensa, criticando Trump el 2.1% de España y que la semana pasada, el estadounidense propuso expulsar a España de la OTAN.
¿Cómo se comportó Trump con otros líderes socialistas?
Con Keir Starmer, el primer ministro británico del Partido Laborista, Trump durante su discurso, lo mencionó al final de una larga lista de líderes, empujándolo lejos del micrófono cuando Starmer pensó que le tocaba hablar, dejando al británico con una expresión de shock y humillación. Starmer «dejó caer su sonrisa» mientras Trump le daba la espalda, un momento calificado como «incómodo» y «doloroso». Trump en un momento dado lo llama «mi amigo» pero lo despacha rápidamente, priorizando a aliados más alineados.
En el caso de Macron, el saludo entre ambos fue todo menos amigable: Trump agarró la mano de Macron en un apretón agresivo y prolongado, negándose a soltarla mientras el francés intentaba liberarse, un gesto que los medios describen como «cargado de tensión». Trump incluso le dio una «advertencia» diciendo: «Verás lo que está por suceder». Esta hostilidad no es nueva; en cumbres pasadas, Macron calificó las tarifas de Trump como «brutales e infundadas» y Trump ha criticado duramente a Francia por su autonomía europea, viéndola como una amenaza a su visión de ‘América Primero’.
Trump trata peor a Macron porque Francia representa una Europa más autónoma, mientras Sánchez, con su sumisión, se convierte en un peón útil. ¿Por qué esta foto ahora? Porque Sánchez necesita un escudo mediático para tapar el lodazal de corrupción en casa. ¿No es hipocresía? Sánchez critica a Trump pero posa con él para ganar tiempo. La izquierda defiende esto como diplomacia, pero es puro oportunismo para enterrar los escándalos. ¿Y si Trump usara a Sánchez como ejemplo de debilidad europea?






