En un acto que parece más un ritual ideológico que un homenaje, el Gobierno de Pedro Sánchez ha convertido el funeral de Estado a las víctimas de la DANA en Valencia en un espectáculo masónico bochornoso. En lugar de un funeral solemne, nos sirvieron un evento secular, orquestado para hacer una ceremonia de los de siempre, incluyendo la propaganda típica del gobierno que ya no se cree nadie y con un PP escudando a Mazón. Destacó la ausencia de Santiago Abascal, líder de Vox, quien no asistió al evento.
Abascal rechazó participar en lo que calificó como una «mascarada» diseñada para engañar a las víctimas, evitando compartir espacio con Sánchez, al que acusa de responsabilidad en la gestión desastrosa. «Por tanto, yo no voy a estar con esa gente en una tribuna, ni un funeral, ni en ningún sitio», declaró Abascal. Esta postura coherente contrasta con la hipocresía del Gobierno, y Vox no envió ningún representante, alegando que no comparte actos con los «responsables de ese desastre».
En un panorama donde la izquierda usa el duelo para su propaganda, la decisión de Abascal defiende la dignidad de las víctimas al no legitimar un ritual vacío de fe y cargado de política sectaria.
Sánchez, maestro en el arte del escapismo político, se escondió tras un muro de víctimas seleccionadas a dedo, parapetado por el Rey Felipe VI evitando cualquier confrontación real con el dolor popular. Fuentes cercanas al evento revelan que el saludo a los familiares se realizó en una sala contigua del Museo de les Ciències, sin la presencia de Carlos Mazón, presidente de la Generalitat, quien fue recibido con gritos de «asesino». Este montaje no es casualidad. Moncloa transformó el acto en una encerrona contra Mazón, mientras Sánchez se resguardaba, saludando solo a un grupo de familiares previamente filtrados.
Y en medio de esta farsa, surge una voz que rompe el silencio cómplice: Yolanda Garrido, la única con valor. Esta mujer, que perdió a su hermano Jorge, su sobrino Nathan de 4 años y su cuñada Raquel en la tragedia, no se calló ante la hipocresía. En una entrevista en directo, denunció: «Estaba todo planificado, tan planificado que hoy día 29 de octubre yo a las 4 horas tarde todavía no tenía las entradas de acceso. Han intentado dejarnos en la calle». Garrido acusó al Gobierno de seleccionar solo a «víctimas politizadas» para acercarse a Sánchez, mientras a ella y su familia les asignaron seis escoltas «que nos han acompañado hasta al baño, temían que la verdad se destapase».
Su intervención en el acto fue aún más explosiva. Gritó «traidores» a la «estirpe endogámica borbónica», a Sánchez y a Mazón, exponiendo la complicidad de las élites en la gestión desastrosa de la DANA. Esta valentía contrasta con el cobarde silencio de Sánchez, ¿Es esto un homenaje o una profanación ideológica? Garrido no solo denuncia; encarna la resistencia y pone el dedo en la llaga. Figuras como ella nos recuerdan que la verdad no se esconde.






