Mientras esperamos al Supremo, #Sánchez va dando vueltas por #España como un boxeador sonado, pendiente de un último golpe que lo derribe. Con su hermano escondido, con su cuñada japonesa, con sus saunas pasadas y sus celdas futuras, Sánchez es ya en sí mismo un carnaval itinerante.
Mientras esperamos al Supremo (la única instancia que puede acabar esta agonía nacional) Yolanda Díaz sigue haciendo vídeos de programa infantil explicando sus derrotas parlamentarias, culpando a la oposición de hacer de oposición. ¿Dónde se ha visto eso de votar en contra del gobierno en el Parlamento? Hay que decir, eso sí, que Yolanda trata como retrasados mentales a sus votantes por buenísimos motivos: los conoce mejor que nadie.
Mientras esperamos el Supremo, Irene & Pablo llevan a sus hijos a su nuevo colegio privado pagados por los crowdfundings de su feligresía. Según un reciente artículo de Echenique, lo hacen para “preservarlos del fascismo”. Si la deriva no cambia, en un par de años el antifascismo les llevará a pasearse en Rolls Royce por la Moraleja.
Mientras esperamos la estocada final del Supremo, los trajes de Gabriel Rufián no dejan de mejorar y su papada no deja de crecer.
Mientras esperamos al #Supremo, el cacareo gallináceo de la Camarada Santaolalla lo invade todo, musa definitiva del socialismo parvulario. A su lado, toda la camarilla progre de TVE (Ruiz, Fortes, Miró, Cintora, Intxaurrondo, Giró) parecen auténticos catedráticos de Cambridge.
Mientras el Supremo se despereza, Ada Colau sigue surcando los mares con sus guitarras y panderetas, haciendo que muchos nos preguntemos dónde está el fiero Poseidón cuando más le necesitamos.
Ah, qué tiempos, qué arabescos del destino. Los gays con sus banderas palestinas, los macheteros africanos con sus patinetes, los batasunos con sus lecciones paternalistas de democracia. Todo un país pendiente de que un tribunal clave su estaca de plata en el corazón del vampiro de Moncloa, toda una nación abocada a la ruina generacional. La fase de colapso e implosión está acabando: pronto viviremos la estampida, el sálvese quien pueda, las puñaladas a traición. El espectáculo será maravilloso, señores magistrados del Supremo, no lo retrasen más.






