Los que vivimos en Baleares y hemos sufrido el armengolismo de primera mano, tuvimos este viernes la certeza de que las tornas han empezado a girar: la publicación del informe de la UCO sobre los tratos de Armengol con la trama Ábalos-Koldo-Aldama ha puesto a la presidenta del Congreso contra las cuerdas. El informe de la Guardia Civil ha revelado más de 60 mensajes de watsapp entre Armengol y Koldo y ha desbaratado la estrategia política de la ex presidenta de Baleares. En el colmo de la desvergüenza, Armengol publicó un vídeo en el que se atreve a decir que el informe de la UCO demuestra la verdad de sus argumentos (no traté con la trama, no influí en ninguna contratación, etc) cuando demuestra exactamente lo contrario.
Algunos conocemos desde mucho tiempo atrás el modus operandi de Armengol, consistente en dejar que todo se queme a su alrededor, buscar una salida entregando cabezas de turco y luego hacer como si nada hubiera pasado. Sus ocho años de gobierno en las islas supusieron el estallido de la crisis de vivienda, de la masificación y saturación de las infraestructuras, del apogeo de la oferta turística ilegal, del desenfreno del gasto absurdo en chorradas woke y el coqueteo con el catalanismo excluyente. Sánchez la elevó a tercera autoridad del Estado y ahora Armengol se encuentra sola en las alturas, sin chivos expiatorios al alcance. Solo le queda ya no la mentira, sino la negación directa de la realidad. Se arriesga a tener problemas judiciales graves por haber prestado falso testimonio, su carrera política ha concluido.
En las islas todavía recordamos el famoso incidente en el Bar Hat. El 7 de octubre de 2020, en plena segunda ola de la pandemia de COVID-19 y con restricciones vigentes en Baleares (cierre de bares a la 1:00 de la madrugada), la entonces presidenta del Govern, Francina Armengol, fue localizada por la Policía Local en el Hat Bar de Palma de Mallorca pasadas las 2:00 horas. El local, en el casco antiguo de Palma, había sido denunciado por vecinos por el ruido. El propietario alegó que no cerró antes por la presencia de Armengol y su grupo (unas seis personas, entre ellas un conseller y su director de Comunicación). Según las versiones oficiales, ella y sus acompañantes entraron después de cenar, tomaron una copa y salieron sobre la 1:15; un asesor se desmayó en la calle, lo que les hizo permanecer un rato fuera. El incidente generó una fuerte polémica: la oposición exigió su dimisión por incumplir las normas que ella misma imponía, mientras Armengol pidió disculpas públicas por “la polémica generada”. El bar fue sancionado y cerrado temporalmente. El caso pervive en la memoria como ejemplo de doble rasero, especialmente al compararlo con multas millonarias a jóvenes por fiestas similares.
Nadie llorará por Armengol, nadie la echará de menos. Toda una época está tocando a su fin y lo que viene, por fuerza, será mil veces mejor. Sayonara, Francina.






