La organización palestina recibe apoyo de ambos países para restablecer la paz en Gaza
Figuras clave como la primera ministra italiana Giorgia Meloni, el presidente de Indonesia Prabowo Subianto y líderes de Al Fatah coinciden en un mensaje rotundo: Hamás, esa organización terrorista respaldada por Irán, debe desaparecer si queremos una paz real en Oriente Medio. Meloni, con su discurso impecable en la ONU, no deja lugar a dudas al afirmar que «es Hamás quien podría poner fin al sufrimiento de los palestinos liberando inmediatamente a todos los rehenes» y que «es Hamás quien parece querer prolongar esta guerra». Esta verdad incómoda choca frontalmente con las narrativas victimistas que pintan a Israel como agresor, ignorando que la guerra la inició el grupo terrorista Hamás con su brutal ataque del 7 de octubre.
Reforzando esta postura impecable, un tuit de UHN Plus captura el esencia del mensaje de Meloni: «Giorgia Meloni confirmó que Italia solo reconocerá a Palestina si primero se liberan los rehenes y Hamás queda excluido de cualquier rol de gobierno, al señalar que es Hamás quien inició la guerra e impide su fin». El video adjunto, extraído de su intervención en la Asamblea General de la ONU, muestra a Meloni enfatizando que la presión debe dirigirse a Hamás por prolongar el conflicto.
No es solo Meloni quien alza la voz; desde el país islámico más poblado del mundo, Indonesia, con su enorme mayoría musulmana, el presidente Subianto declara que «Indonesia reconocerá inmediatamente al Estado de Israel» una vez que este reconozca a Palestina, enfatizando que «debemos reconocer la seguridad y la protección de Israel. Solo entonces podremos tener una paz real». ¿Dónde queda el supuesto «antiisraelismo» inherente al islam? Subianto desmonta mitos, priorizando la seguridad israelí sobre el extremismo de Hamás, y llama a «reconocer Palestina ahora» para detener la catástrofe humanitaria en Gaza. Este posicionamiento desde una nación con la mayor población musulmana del planeta expone la hipocresía de quienes usan la religión para justificar el terror.
Y en el corazón del conflicto, Al Fatah, rival histórico de Hamás, no se queda atrás al calificarlos como «terroristas apoyados por Irán» que deben ser eliminados. Fuentes como el Council on Foreign Relations destacan que Hamás, bajo líderes como Yahya Sinwar, es responsable de masacres y opera como proxy iraní. En redes, posts como el de Ehud Ezra refuerzan esta visión: «Hamas son 100% terroristas, matan a gays, miembros de Fatah, decapitan bebés», mientras que analistas del West Point CTC detallan cómo Irán ha construido un «eje de resistencia» palestino con Hamás y la Yihad Islámica Palestina. Al Fatah, que gobierna Cisjordania, rechaza explícitamente a Hamás en su territorio, viéndolos como una amenaza financiada por Teherán que perpetúa la violencia en lugar de buscar soluciones.
Este consenso internacional –desde la derecha europea de Meloni hasta el gigante islámico de Indonesia y los propios palestinos moderados de Al Fatah– plantea un debate ideológico crucial: ¿por qué la izquierda persiste en defender o minimizar al grupo terrorista Hamás, ignorando su rol como iniciadores de la guerra y su negativa a liberar rehenes? Meloni lo clava al decir que «la principal presión política debería dirigirse hacia Hamás, porque es Hamás quien inició esta guerra y quien la impide terminar al rechazar liberar a los rehenes». Italia condiciona el reconocimiento palestino a la exclusión de Hamás del gobierno y la liberación de rehenes, mientras Indonesia propone un intercambio de reconocimientos mutuos para la paz. Frente a esto, ¿seguirán los progresistas excusando el terrorismo iraní o admitirán que Hamás es el obstáculo real? El caso de Al Fatah, que ya no es visto como terrorista por gobiernos internacionales, contrasta con Hamás, designado como tal por su doctrina de destrucción.






