Un nuevo horror sacude Colombia. Una facción de las disidencias de las FARC, dedicada al narcotráfico y al terror, ha atacado un autobús civil en plena Vía Panamericana, dejando al menos 14 fallecidos y 38 heridos, cinco de ellos menores de edad. Este acto brutal expone la debilidad del Gobierno de Gustavo Petro ante grupos que nunca abandonaron las armas tras el fallido proceso de paz.
La masacre en Cajibío: el terror golpea a civiles inocentes
El atentado ocurrió el sábado 25 de abril de 2026 en el sector conocido como El Túnel, municipio de Cajibío, departamento del Cauca. Un cilindro bomba lanzado contra un minibús provocó una explosión devastadora que afectó gravemente el vehículo, otros automóviles y la infraestructura vial.
“Al momento, el reporte registra 20 civiles fallecidos, 15 mujeres y 5 hombres, todos mayores de edad; 36 personas heridas, de las cuales 3 permanecen en UCI, y 5 menores de edad que se encuentran fuera de peligro”, señaló el gobernador Octavio Guzmán en redes sociales. Guzmán ha denunciado una “escalada terrorista que exige respuestas inmediatas” y ha exigido al Gobierno nacional “acciones contundentes” ante la crisis de orden público.
La responsabilidad de las disidencias y la inacción de Petro
Las autoridades atribuyen el ataque a la columna Jaime Martínez, vinculada a alias ‘Iván Mordisco’ y su lugarteniente ‘Marlon’. El propio presidente Petro condenó el acto como “terrorismo” y apuntó directamente: “Su jefe se llama alias ‘Marlon’, plenamente identificado”. Sin embargo, sus palabras suenan huecas ante la escalada de violencia.
En las últimas horas se han registrado múltiples atentados en El Tambo, Caloto, Popayán y otras localidades del suroccidente colombiano. Esta oleada demuestra que las políticas de “paz total” de Petro han sido un completo fracaso, permitiendo que los remanentes de las FARC sigan operando como narcoterroristas sin control efectivo.
“Exigimos al Gobierno Nacional acciones contundentes, sostenidas y eficaces frente a la grave crisis de orden público”, insistió el gobernador Guzmán.
El modelo de la izquierda que genera caos
Este atentado no es un hecho aislado, sino la consecuencia lógica de años de concesiones a grupos armados. Mientras Petro habla de “persecución mundial” y amenaza con llevar a los cabecillas ante el Tribunal Penal Internacional, la realidad muestra que su Gobierno ha priorizado el diálogo con terroristas en lugar de la mano dura.
“Terroristas, fascistas y narcotraficantes”, los calificó el propio Petro, pero su retórica no se traduce en resultados. Colombia sangra mientras la izquierda en el poder sigue apostando por modelos que han fracasado en toda Latinoamérica. Es hora de confrontar esta ideología que antepone la negociación con asesinos a la seguridad de los ciudadanos.
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