El ridículo pleito de un exministro que quiso silenciar con 60.000 Euros una verdad incómoda
¡Qué maravilla de país! En pleno barrizal del caso Koldo, José Luis Ábalos ha conseguido protagonizar uno de los capítulos más esperpénticos y divertidos de la política española reciente. El exministro de Transportes, presuntamente rodeado de contratos irregulares durante la pandemia, comisiones millonarias y un ambiente de fiestas, karaokes y “amiguitas”, tuvo la brillante idea de demandar al periodista Ángel Expósito por atreverse a llamarle “putero asqueroso de siempre”.
Reclamaba, con toda la dignidad del mundo, 60.000 euros por “daños morales”. Porque, claro, después de presuntamente convertir parte del dinero de las mascarillas en juergas y excesos mientras los españoles estaban encerrados en casa, lo que realmente le preocupaba era que alguien usara un adjetivo coloquial. El Juzgado de Primera Instancia número 86 de Madrid, con un sentido del humor exquisito, ha desestimado la demanda, ha absuelto por completo a Expósito y ha condenado a Ábalos a pagar las costas. El magistrado ha señalado que las expresiones eran ácidas, sí, pero tenían base fáctica suficiente en todo lo que ya se sabía públicamente. Ironía nivel maestro. La «exceptio veritatis» nos da un gran momento.
Imagínense la escena: mientras la gente perdía su empleo y su salud mental en confinamientos interminables, presuntamente algunos elegidos se daban la gran vida con karaokes y encuentros pagados. Y ahora el presunto beneficiario va al juzgado con cara de víctima ofendida exigiendo 60.000 euros por que le llamen lo que, según las crónicas, parecía bastante evidente. Es como si un glotón saliera de un buffet libre y exigiera que nadie le llame comilón para proteger su figura. Casi que podría haber pedido más de 60.000, al fin y al cabo en este país, el honor vale más que un piso, y se pena más una palabra malsonante que un buen puñetazo. España: camino de Gran Bretaña y la locura colectiva.
Este pleito no era por honor. Era un intento descarado de silenciar con dinero y togas cualquier voz que se atreviera a señalar la enorme distancia entre el discurso de austeridad y moralidad del PSOE y la realidad de sus barones más ilustres. Afortunadamente, la Justicia ha tenido el detalle de recordar que la libertad de expresión todavía existe si los hechos acompañan… aunque moleste a algunos.
Doble Moral Progresista: Insultan a la Derecha pero se Rasgan las Vestiduras ante la Realidad
Lo mejor de todo es la coherencia. Durante años, el PSOE y sus medios amigos han llamado “extremistas”, “machistas”, «asesinos» y “fascistas” a medio país que se atreve a discrepar. Pero ay, cuando un periodista de prestigio como Ángel Expósito resume con crudeza la presunta conexión entre Ábalos, el puterío, las amiguitas y el clan Koldo… ¡escándalo nacional! A los tribunales corriendo a pedir 60.000 euros por “intromisión en el honor”.
El Ministerio Fiscal apoyó la desestimación recordando que se trata de crítica política de evidente relevancia pública. El juez, con fina ironía, ha recordado que Ábalos es un personaje público, exministro y tertuliano habitual, por lo que debe soportar un escrutinio mayor. Claro, porque cuando uno vive del dinero de todos y presuntamente se divierte con él, es lógico que la gente comente. ¡Qué sorpresa!
La doble moral es tan evidente que resulta cómica. Las mismas ministras que llenan discursos de feminismo y “lucha contra la explotación” guardan un silencio de lo más elocuente cuando las informaciones apuntan a presuntas redes relacionadas con su propio partido o usos de sus diputados, citándose con señoras llamadas «de moral ligera». Expósito no inventó nada: simplemente usó las palabras que muchos españoles pensaban pero no se atrevían a pronunciar en voz alta. Y en vez de dar explicaciones o disculpas, Ábalos prefirió el camino del pleito. Resultado: bofetada judicial con costas incluidas. Qué elegante.
Esta es la izquierda del siglo XXI: atacan la familia tradicional, promueven todo tipo de experimentos ideológicos con los jóvenes y luego sus líderes presuntamente viven como si no hubiera un mañana. Mientras España arrastra inflación, deuda desbocada e inmigración descontrolada, ellos se rasgan las vestiduras porque alguien se atrevió a describir con crudeza lo que ya era vox populi. Hipocresía elevada a categoría de arte.
La Regeneración que España Necesita Frente a la Impunidad y la Degradación Moral
Este caso no es una anécdota graciosa más. Es el síntoma claro de un sistema enfermo: un Gobierno que judicializa cualquier crítica incómoda mientras sus escándalos se pudren tranquilamente en los tribunales. Hace falta una investigación sin cortinas de humo del caso Koldo, auditorías independientes de todos los contratos pandémicos, incompatibilidades reales para los ex altos cargos y una transparencia que no sea solo un eslogan de campaña.
Ábalos pretendía callar con 60.000 euros lo que la calle ya intuía desde hace tiempo. Fracasó de forma tan estrepitosa que casi da pena… casi. La Justicia, con sorna, recuerda que la libertad de expresión no es un club privado de la izquierda. M
Ojalá este ridículo episodio sirva para que más voces se atrevan a llamar a las cosas por su nombre sin miedo a las demandas frívolas. Porque los españoles estamos hartos de tanta moralina selectiva y tanta hipocresía con pedigrí.






