En un panorama geopolítico cada vez más hostil para los intereses españoles, Marruecos ha lanzado una ofensiva que no puede interpretarse sino como un chantaje descarado contra nuestra soberanía.
Bajo el pretexto de una «propuesta integral» para delimitar fronteras marítimas y gestionar recursos, Rabat busca apoderarse del Monte Tropic, esa cadena submarina rica en minerales estratégicos que forma parte natural de las Islas Canarias.
Al mismo tiempo, en el Parlamento Europeo, el PSOE ha consumado una traición flagrante al votar a favor de ocultar el origen de los productos marroquíes, perjudicando directamente a nuestros agricultores y consumidores.
Este doble golpe no es casualidad: es el resultado de una agenda progresista que prioriza alianzas externas sobre la defensa nacional. Confrontemos los hechos con rigor, desmontando las narrativas complacientes y abriendo el debate sobre quién realmente gobierna España.
La «oferta» marroquí: ¿extorsión?
Analicemos primero la supuesta «oferta» marroquí, que medios afines a Rabat presentan como un gesto de equidad.
Según ha publicado Atalayar, Marruecos propone una «Zona de Desarrollo Conjunto» para el Monte Tropic, junto con la transferencia del control aéreo sobre el Sáhara y una delimitación marítima basada en «principios de equidad» en lugar de la línea media establecida por el derecho internacional.
«La línea media ‘solo sirve como criterio entre dos plataformas continentales’, y que ‘si un país tiene 750 kilómetros de costa y otro 10, debe primar el principio de equidad'», afirma el ministro marroquí Nasser Bourita en declaraciones recogidas en la publicación.
Pero esta retórica oculta una realidad: Marruecos ignora la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, reclamando extensiones ilegales sobre el Sáhara Occidental, un territorio pendiente de descolonización.
Voces expertas desmontan la farsa
Expertos españoles desmontan esta farsa. José Antonio Yturriaga, exembajador en derecho del mar, califica la propuesta de «descarada», argumentando que equiparar el Sáhara con las Canarias es absurdo, ya que nadie cuestiona la soberanía española sobre el archipiélago.
Anselmo Fariña, del grupo canario de seguimiento del expolio saharaui, advierte que «el Monte Tropic parece que está animando a que se lleve a cabo una negociación entre Marruecos y España, con un tercero en discordia: Estados Unidos. Para Trump sería mucho mejor que el Monte Tropic quedase bajo control marroquí, porque es un estado débil y sobre el que se pueden ejercer fácilmente presiones».
Este no es un acuerdo equitativo: es un chantaje que usa el Sáhara como palanca para saquear recursos españoles, ricos en telurio y cobalto esenciales para la transición energética.
¿Por qué ceder ante un vecino que viola el derecho internacional, cuando España podría liderar la explotación sostenible bajo su jurisdicción?
La traición en el Parlamento Europeo
Paralelamente, en Bruselas, el PSOE ha priorizado los intereses marroquíes sobre los españoles.
Por un solo voto, el Parlamento Europeo rechazó obligar a etiquetar el origen real de los alimentos, permitiendo que productos marroquíes inunden nuestro mercado sin transparencia.
Esta decisión agrava la competencia desleal: mientras nuestros agricultores lidian con burocracia asfixiante, Marruecos exporta sin controles equivalentes.
¿Coincidencia? No: es la culminación de una política que ve en Marruecos un socio preferente, a costa de nuestra soberanía alimentaria.
Abriendo el debate: ¿sumisión o firmeza?
El debate es ineludible: ¿debe España seguir cediendo ante presiones externas, o reclamar su posición en el Atlántico?
Fuentes independientes como El Confidencial argumentan que esta «oferta» es «engañosa» y puede ser un preludio a reclamaciones sobre Ceuta y Melilla.
En contraste, perspectivas pro-marroquíes insisten en la «equidad», pero ignoran violaciones jurídicas.
Juan Soroeta, catedrático de Derecho Internacional, rebate: «Marruecos no puede solicitar legítimamente derechos de extensión sobre el litoral saharaui, ya que no es la potencia administradora del Sáhara Occidental».
La izquierda en el poder opta por la sumisión; una derecha firme defendería lo nuestro sin concesiones.






