En un giro que expone las verdaderas alianzas de la izquierda radical en América Latina, los presidentes Lula da Silva de Brasil y Gustavo Petro de Colombia han lanzado feroces ataques contra el senador estadounidense Marco Rubio. Esta ofensiva no es más que una maniobra desesperada para imponer un acuerdo con la «falsa oposición» en Venezuela, protegiendo al dictador Nicolás Maduro y su régimen criminal, mientras ignoran el clamor popular por libertad y democracia. Pero la líder opositora María Corina Machado, galardonada con el Nobel de la Paz, ha rechazado tajantemente estas intervenciones, exponiendo la ineficacia y la complicidad de estos mandatarios con el chavismo.
Lula, en una declaración que huele a chantaje diplomático, advirtió: “No habrá avances en las negociaciones con EE.UU. si Marco Rubio forma parte del equipo. Él se opone a nuestros aliados en Venezuela, Cuba y Argentina». ¿Aliados en Venezuela? Lula se refiere claramente a Maduro, jefe del Cartel de los Soles, y no al pueblo venezolano que sufre bajo la tiranía. Petro, por su parte, no se queda atrás: en un arrebato de furia, calificó a Machado de “despreciable” y “traidora” por supuestamente pedir una intervención externa, mientras defiende a rabiar al narcodictador Maduro. Estos ataques no son casuales; son el último recurso de un eje izquierdista que se desmorona ante la presión internacional liderada por figuras como Rubio, quien ha prometido desmantelar el narcoestado venezolano.
Las maniobras de Lula y Petro incluyen intentos fallidos de mediación con Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen madurista. Rodríguez ofreció a Washington una transición sin Maduro, mediada por Catar, lo que provocó la ira del dictador: “¡Son unos imbéciles, Delcy!” gritó Maduro en cadena nacional, mientras su entorno lo negocia a sus espaldas. Esta traición interna al chavismo demuestra que incluso los cercanos a Maduro buscan salvavidas, pero Lula y Petro insisten en un «acuerdo» que mantenga al régimen intacto, excluyendo a la verdadera oposición. Machado, en una entrevista exclusiva, expuso esta farsa: “El propio entorno de Maduro lo ha estado negociando a sus espaldas”.
Machado no ha dudado en poner a Lula en su lugar: “Sería muy útil que el Presidente Lula, al igual que los demás jefes de Estado del continente, le enviaran un mensaje nítido a Maduro y le digan: te llegó la hora de irte, se acabó”. En otra respuesta contundente, Machado cuestionó la credibilidad del brasileño: “No pudiste conseguir los salvoconductos para las 5 personas que estaban en la embajada protegida por su gobierno. No pudiste conseguir que pusieran un fusible para restablecer la luz que durante cinco meses les quitó el régimen. Has pedido las actas electorales a Nicolás Maduro por un año y no te han mostrado nada. ¿Qué es lo que tú pretendes conseguir?”. Machado rechaza cualquier mediación de Lula, argumentando que no ha protegido a la oposición real y que su intervención solo busca perpetuar el statu quo madurista.
Estos hechos confirman que la izquierda latinoamericana, representada por Lula y Petro, no busca la paz sino la consolidación de su influencia ideológica. Rubio, un defensor inquebrantable de la democracia, representa una amenaza real para sus «aliados» autoritarios. ¿Por qué no debatir abiertamente? Porque saben que la verdad expone su complicidad con el crimen organizado. EE.UU., bajo Rubio, planea publicar el expediente criminal de Maduro para aislarlo: “EE. UU. va por Maduro. El plan es sacar de juego al líder del Cartel de los Soles”. Esto contrasta con la pasividad de Lula, quien, según Petro, “no toma posición en cuanto al tema de Venezuela”, pero ataca a quien sí lo hace.
El senador colombiano Carlos Felipe Mejía resumió la hipocresía: “Petro hoy defendió a rabiar a su socio del Cártel de los Soles Nicolás Maduro, maltrató a María Corina Machado tratándola de ‘despreciable traidora’ y amenazó al presidente Trump”. Es hora de un debate ideológico real: ¿apoyamos la libertad o el narcoterrorismo? La respuesta es clara para cualquier demócrata de bien.






