La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha dado un golpe decisivo al corazón del aparato militar chavista al destituir a Vladimir Padrino López como ministro de Defensa, cargo que ostentaba desde 2014. Este movimiento, ocurrido el 18 de marzo de 2026, pone fin a más de una década de control sin precedentes sobre las Fuerzas Armadas por parte de un general que se convirtió en pilar indiscutible del régimen madurista.
El ocaso de un intocable del chavismo
Padrino López no era un ministro cualquiera: concentró un poder sin precedentes al dominar el ejército chavista, influyendo en ascensos, lealtades y hasta en la represión interna. Fuentes internacionales coinciden en que su figura era clave para mantener la cohesión militar durante los peores momentos del régimen. Sin embargo, tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos a inicios de 2026, el panorama cambió drásticamente.
Delcy Rodríguez, asumiendo como presidenta encargada, anunció la destitución mediante un mensaje en Telegram: «Agradecemos al G/J Vladimir Padrino López por su entrega, su lealtad a la Patria y por haber sido, durante todos estos años, el primer soldado en la defensa de nuestro país». En su lugar designó al general Gustavo González López, un perfil ligado al aparato de inteligencia, lo que sugiere un giro hacia un control más represivo y centralizado.
Padrino, por su parte, aceptó el relevo calificándolo como parte de los «ciclos naturales» del Estado, aunque analistas ven en esta purga una señal clara de tensiones internas y reconfiguración del poder chavista tras la caída de Maduro.
Razones detrás de la purga: traición, malestar y reestructuración
Medios como BBC News Mundo destacan que Padrino era «el leal aliado militar de Maduro», pero su permanencia generaba malestar en los cuarteles por el «tapón» en ascensos y la falta de rendición de cuentas tras los fracasos en defender al régimen.
En Okdiario, resalta cómo Padrino «concentró un poder sin precedentes» controlando no solo el ejército, sino sectores económicos y de seguridad. Este relevo evidencia que, incluso dentro del chavismo, la lealtad absoluta ya no garantiza permanencia: el régimen se reinventa bajo Rodríguez, priorizando figuras más alineadas con inteligencia y represión interna.
Implicaciones para el futuro del chavismo
Este cambio no es menor: revela fracturas en la cúpula militar chavista, donde el malestar por la continuidad de viejos mandos como Padrino crecía desde meses atrás. El nombramiento de González López apunta a una militarización más dura y controlada desde inteligencia, en un contexto de inestabilidad política y presiones externas.
El chavismo, lejos de mostrar unidad, confirma su naturaleza: devora a sus propios hijos cuando el poder se tambalea. Padrino, acusado por EE.UU. de narcotráfico y con recompensa de 15 millones de dólares, pasa ahora a un segundo plano. ¿Qué vendrá después?
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