Lamine Yamal y la polémica de las banderas: libertad de expresión y lealtad
Por pura cuestión estadística si dejas entrar a centenares de miles de magrebíes de manera descontrolada, durante años, al cabo de un par de generaciones, por pura estadística, habrá uno que sea muy bueno en ajedrez, otro muy bueno en alpinismo, otro muy bueno robando móviles con un patinete y otro muy bueno jugando al fútbol por la banda derecha. Este último es Lamine Yamal. Nadie puede discutir su calidad como jugador de fútbol, como tampoco nadie discute que aún no ha demostrado nada más que ser, en ocasiones, un buen regateador y asistente. Lo que sí ha quedado claro es que en el campo y fuera de él suele tener una actitud faltona, entre la arrogancia y la suficiencia, cuando otros a su edad se dedican solamente a entrenar e intentar mejorar en lo suyo.
Lamine apareció en las celebraciones
El caso es que Lamine apareció en las celebraciones del FC Barcelona enarbolando la bandera palestina y, ante el aluvión de críticas recibidas (incluidas las de su propio entrenador, Hansi Flick) ha salido el mismísimo Pedro Sánchez en su defensa. Con el país en ruina, el presidente ha aparecido dos veces en redes estos días: una para decir que boicotear Eurovisión por la participación de Israel sitúa a España “en el lado correcto de la historia”, otra para defender la toma de postura política de un chaval sin ninguna formación más que la que quizás le llegue de alguna mezquita de extrarradio.
¿Tiene Lamine libertad de expresión?
Claro que la tiene. ¿Es el único, o los demás también tenemos derecho a opinar? Si ese es el caso, si podemos expresar nuestro pensamiento tanto como el extremo del Barça, entonces podemos recordar que en su caso llueve sobre mojado. Porque todos recordamos sus imágenes en el vestuario presumiendo del escudo de Marruecos. Todos recordamos el estilismo de su fiesta de cumpleaños o sus bravuconadas de patio de colegio en Instagram. Lo que nadie recuerda es ver a Lamine enarbolando la bandera española con orgullo o diciendo una sola palabra cuando en Esplugues esta semana una niña era acuchillada al grito de Allahu Akbar. Eso nadie absolutamente lo recuerda.
Sus banderas son la marroquí y la palestina
Si sus banderas son la marroquí y la palestina, tiene todo el derecho del mundo a competir bajo esos colores. Sería, de hecho, lo más coherente. Podría liberar una plaza en la selección para alguien que de verdad sintiera los colores, el escudo, la lealtad nacional. También podría presentarse a Eurovisión cuando sea que España vuelva al concurso y hacer alguno de esos bailecitos que tanto le gustan. O meterse a predicador salafista y hacer videos sobre golpear a las mujeres o colgar a los homosexuales en grúas o reivindicar las masacres de cristianos a manos de cualquiera de las docenas de grupos islamistas que amenazan la civilización. Es su libertad, es su derecho, como nuestro derecho es no animar a ningún equipo en el que él participe, con banderitas o no.
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