Alberto Núñez Feijóo ha sucumbido finalmente a la presión de la verdadera derecha española. El líder del PP, que pretendía dilatar el proceso durante 19 días para imponer su agenda personal, ha designado a Juan Francisco Pérez Llorca como candidato a la presidencia de la Generalitat Valenciana. Este no es un mero relevo; es una capitulación ante la influencia de Vox, que desde el principio respaldó a Pérez Llorca como el hombre capaz de mantener la estabilidad y defender los valores conservadores frente al caos izquierdista. Pero, ¿es esto una alianza genuina o solo un parche para evitar el escrutinio electoral que tanto teme el PP?
No se trata de una simple elección; es una demostración de poder de Vox, que ha forzado al PP a abandonar sus titubeos y optar por un perfil alineado con la agenda patriótica. Feijóo buscaba ganar tiempo –esos famosos 19 días– para maniobrar en las sombras, posiblemente imponiendo a una figura más moderada como la alcaldesa de Valencia. Sin embargo, la insistencia de Vox, liderada por Santiago Abascal, ha prevalecido. Esta movida no solo evita elecciones innecesarias que beneficiarían a la izquierda, sino que refuerza el bloque conservador contra el sanchismo. La verdadera irresponsabilidad sería convocar urnas ahora, permitiendo que el sanchismo capitalice el desastre de la DANA. Feijóo, al elegir a Pérez Llorca, une el destino del PP a Vox a las puertas de un nuevo ciclo electoral.
Para argumentar este punto de vista, contrastemos con la narrativa victimista del PSOE. Acusan a Feijóo de «favorecer a la ultraderecha en Valencia» y destacan que «Pérez Llorca es el candidato favorito de Vox». Pero, ¿y si esto es precisamente lo que necesita España? En lugar de ceder terreno a políticas verdes radicales o a la inmigración descontrolada, Vox espera pactar con el PP medidas concretas como el freno a la inmigración o el fin del Pacto Verde en el relevo de Mazón. ¿debemos priorizar la estabilidad o dejar que el PSOE explote la crisis para recuperar poder?
No olvidemos el contexto: tras la dimisión de Carlos Mazón, Feijóo exhortó a Vox a facilitar «cuanto antes la elección de un nuevo presidente en Valencia», apelando a la responsabilidad. Pero la realidad es que Vox no solo facilitó, sino que dictó términos. En redes, se celebra: «Abascal se decide por Pérez Lorca. Feijoo no pinta nada. Valencia es de VOX». Otro comentario refuerza: «VOX le ha ordenado a Feijoo que designe a Pérez Llorca para gobernar en Valencia con el programa de VOX. Es lo suyo». Estos sentires ilustran cómo la base de Vox ve esto como una conquista, no como una concesión.
En última instancia, este episodio desmonta el mito de un PP independiente: Feijóo pone Valencia en manos de Vox para evitar elecciones. Vox emerge como el guardián de la derecha, forzando decisiones que benefician al bloque conservador. ¿Seguirá Feijóo cediendo, o reconocerá que sin Vox, el PP es solo una sombra?






