El Estado Islámico amenaza a España una vez más. En su boletín propagandístico más reciente, los terroristas yihadistas vuelven a reclamar Al-Ándalus y apuntan explícitamente contra la Guardia Civil. Mientras el Gobierno mantiene el nivel 4 de alerta antiterrorista, esta nueva publicación revela que la amenaza islamista no solo persiste, sino que se alimenta del victimismo y de la inacción política frente a la inmigración ilegal y la radicalización.
La propaganda yihadista que no olvida
El centro de propaganda del Estado Islámico ha difundido un documento en el que España aparece como territorio histórico islámico pendiente de “recuperación”. Los terroristas acusan al Estado español de librar una “guerra” contra la identidad musulmana mediante supuestas políticas de asimilación forzada.
Mencionan de forma concreta una operación de la Guardia Civil de septiembre de 2015 en Valencia, donde se detuvo a una joven de origen marroquí que pretendía viajar a Siria para unirse al califato. Esta referencia no es casual: forma parte de una estrategia deliberada para señalar a los agentes que protegen a los españoles y convertirlos en objetivos.
“Al-Ándalus sigue representando una herida en el corazón de la historia”, afirman en el boletín.
Esta narrativa victimista justifica la yihad y busca radicalizar a jóvenes musulmanes residentes en España. El texto critica además restricciones al hiyab, la limitación del azán o supuestas discriminaciones laborales, presentando a nuestro país como enemigo del islam.
La izquierda y sus políticas multiculturales han contribuido durante décadas a crear este caldo de cultivo, negando el problema de la incompatibilidad cultural y abriendo las puertas sin control.
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Macrooperación policial y redes activas
Esta propaganda llega justo después de una importante operación contra el yihadismo que se saldó con al menos diez detenidos en Alicante, Málaga, Barcelona, Murcia y Madrid. Los arrestados intentaban enviar armas a zonas de conflicto vinculadas al extremismo islamista.
Las fuerzas de seguridad españolas siguen desarticulando células, pero el problema de fondo no se resuelve: la inmigración masiva sin integración y la permisividad ideológica ante el islamismo radical. Mientras Vox lleva años denunciando esta realidad, PP y PSOE han preferido mirar hacia otro lado o incluso criminalizar a quien alerta del peligro.
“Publicaciones como esta no son meros folletos ideológicos. Sirven para alimentar el efecto llamada, señalar objetivos y mantener viva la idea de recuperar Al-Ándalus”, advierten fuentes policiales.
España permanece en nivel 4 de alerta antiterrorista, a solo un escalón del máximo. La amenaza no es teórica: es operativa y se adapta a nuevos canales de difusión.
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Estado Islámico amenaza a España pero la izquierda lo omite
El boletín del Estado Islámico demuestra que la estrategia yihadista combina propaganda, victimismo y acciones logísticas. Utiliza cualquier operación policial exitosa para alimentar su relato de venganza y presenta monumentos como la Alhambra como “piezas de museo” del islam, ignorando la soberanía española sobre su propio territorio.
Frente a esta realidad, las políticas de izquierdas —y la tibieza de ciertos sectores del centro-derecha— resultan no solo inútiles, sino peligrosas. La apertura de fronteras, el multiculturalismo forzoso y el silencio ante la radicalización en barrios enteros solo fortalecen al enemigo.
En lugar de dotar de recursos jurídicos, materiales y humanos a las fuerzas de seguridad, la maquinaria burocrática prefiere desviar la atención y relativizar el peligro. Esta inacción deliberada fomenta un debate ideológico donde se protege la multiculturalidad fallida antes que la supervivencia cultural y física de la población. Las consecuencias de esta debilidad política son evidentes en los barrios de las grandes urbes, donde la falta de control en los flujos migratorios irregulares dificulta enormemente las labores de prevención y detección temprana que la Guardia Civil intenta realizar de manera heroica pero asfixiada por la falta de medios.
España necesita medidas valientes: control total de fronteras, expulsión de imanes radicales, cierre de mezquitas financiadas desde el extranjero y priorización de la seguridad nacional por encima de correcciones políticas. El resto, con su buenismo, sigue poniendo en riesgo la vida de los españoles.






