Mientras las principales potencias europeas blindan sus fronteras y elevan sus protocolos de seguridad al máximo, el Gobierno de España decide mantener un perfil bajo. El nivel de alerta terrorista en España permanece estancado en el grado 4 reforzado, una decisión que muchos analistas interpretan como una medida política para evitar el alarmismo, sacrificando potencialmente la seguridad nacional en un contexto geopolítico explosivo.
La inacción del Gobierno ante una alerta terrorista en España
La alerta terrorista en España se encuentra en nivel 4 reforzada y Marlaska no quiere pasar al 5 por el qué dirán. Mientras la inestabilidad en Oriente Medio se agrava y varios países europeos endurecen sus protocolos de seguridad, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, insiste en mantener España en el nivel 4 de alerta antiterrorista, con medidas complementarias pero sin dar el paso definitivo al 5. Esta decisión, según fuentes de seguridad, responde más a criterios políticos que a una evaluación objetiva del riesgo real.
El Plan de Prevención, Protección y Respuesta Antiterrorista define cinco niveles, donde el 4 indica riesgo alto y el 5 riesgo muy alto. España lleva en el 4 desde 2015, tras atentados yihadistas en Francia y Túnez, y solo lo ha reforzado puntualmente. «El nivel 4 reforzado es adecuado», defienden desde Interior, pero esta postura contrasta con la realidad internacional.
Mientras Un yihadista señalaba objetivos en TikTok y la pena es de risa
En un contexto de escalada bélica tras los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán y la respuesta de Teherán, la amenaza de represalias a través de grupos afines como Hamás o Hezbolá es evidente. Sin embargo, el Gobierno de coalición prefiere no alarmar a la población ni reconocer públicamente la gravedad. Esta actitud recuerda las políticas de apaciguamiento que tanto criticamos desde posiciones firmes en defensa de la soberanía y la seguridad.
Otros países elevan sus alertas mientras España se queda atrás
Francia, Italia, Suecia, Bélgica y Reino Unido han incrementado sus niveles de amenaza en los últimos meses ante el mismo panorama. Europol ha advertido explícitamente del aumento del riesgo de terrorismo y extremismo violento en la UE ligado al conflicto en Oriente Medio. «El nivel de amenaza terrorista y de extremismo violento en territorio de la UE se considera elevado», señaló la agencia.
En España, la Mesa de Valoración de la Amenaza Terrorista, presidida por Marlaska, se reúne periódicamente pero concluye siempre lo mismo: mantener el 4 reforzado con vigilancia extra en objetivos sensibles, como intereses judíos o infraestructuras críticas. «Se mantiene el nivel 4 desde hace años», admiten fuentes oficiales, a pesar de los informes que alertan de radicalización y posibles atentados.
Esta parálisis contrasta con la necesidad de proteger a los ciudadanos. Resulta evidente que con el PSOE y sus aliados, el «qué dirán» prima sobre la protección efectiva. Pasar al nivel 5 implicaría movilizar más recursos, sacar a las Fuerzas Armadas en apoyo si fuera necesario y reconocer que la política migratoria laxa y la falta de control de fronteras han facilitado la infiltración de elementos radicales. El Gobierno prefiere evitar el debate incómodo.
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Consecuencias de una política de seguridad ideológica
Mantener el nivel 4 sin evolucionar supone un riesgo innecesario. El Índice Global de Terrorismo 2026 muestra que, aunque los atentados globales han bajado temporalmente, las tensiones geopolíticas actuales pueden revertir esa tendencia con rapidez. Pakistán, Sahel y zonas de influencia iraní lideran los focos de inestabilidad, y Europa no es inmune.
«España ocupa el puesto 64 en amenaza terrorista», según el informe, pero esta posición relativa no exime de responsabilidad. La radicalización juvenil, la inmigración sin integración y la debilidad en la respuesta policial son problemas estructurales que un Gobierno de izquierdas se niega a abordar con firmeza. Vox ha denunciado repetidamente esta dejadez, exigiendo medidas concretas como el endurecimiento de las expulsiones y mayor coordinación antiterrorista.
«Llevamos así diez años», reconocen voces expertas, lo que evidencia la inoperancia crónica del Ejecutivo. Es hora de priorizar la seguridad nacional por encima de agendas ideológicas. La protección de los españoles no puede depender del temor a generar alarma social; al contrario, la transparencia y la acción decidida fortalecen la confianza en las instituciones.
En definitiva, la alerta terrorista en España refleja una gestión irresponsable. Frente a la pasividad socialista y popular, se necesita una alternativa que defienda sin complejos la integridad territorial y la vida de los ciudadanos frente al islamismo radical.






