La fiesta musulmana del Eid al-Adha, conocida como la Fiesta del Cordero, ha vuelto a desatar robos masivos de corderos en regiones como Cataluña y Aragón. Este fenómeno, que se repite año tras año, evidencia no solo la vulnerabilidad del sector ganadero español, sino también las consecuencias de una política de fronteras abiertas y convivencia forzada promovida por gobiernos de izquierdas. Los ganaderos se sienten abandonados ante bandas que actúan con total impunidad.
Los robos masivos nocturnos y el mercado negro
En las comarcas catalanas de Les Garrigues, el Priorat y la Conca de Barberà, así como en zonas de Aragón, los robos se han intensificado en las últimas semanas. Según denuncias recogidas, los delincuentes operan de madrugada, cargando los animales que pueden transportar para venderlos en el mercado clandestino, donde los precios se disparan por la demanda asociada al Eid al-Adha.
«Nos sentimos impotentes», explicaba un ganadero afectado a medios locales. Los ladrones conocen el terreno, evitan vigilancias y aprovechan el aislamiento rural. En solo un mes, Cataluña ha registrado casi un centenar de sustracciones, con 42 denuncias únicamente en el Campo de Tarragona. Este robo masivo de corderos por el Eid al-Adha no es un hecho aislado, sino una amenaza sistemática al campo español que se repite año tras año convirtiéndose en algo agotador y en grandes pérdidas económicas.
Las fuerzas de seguridad han practicado algunas detenciones, como la de un individuo en Aragón que transportaba 28 corderos vivos o casos en Lérida donde se manipulaban identificaciones de animales. Sin embargo, estas acciones puntuales no resuelven el problema estructural.
El vínculo con la inmigración masiva y el fracaso de las políticas progresistas
Este tipo de delitos guarda una clara relación con el aumento de la población musulmana en España y la demanda estacional de carne ovina para rituales religiosos. Mientras los gobiernos del PSOE y sus socios independentistas y comunistas promueven el multiculturalismo sin límites, los ganaderos españoles pagan las consecuencias con pérdidas económicas y sensación de abandono.
Los mismos que defienden la «diversidad» como un valor absoluto ignoran el impacto real en las zonas rurales. Las políticas de izquierdas han debilitado las fuerzas del orden en el campo, priorizando agendas ideológicas sobre la protección de la propiedad privada y la economía tradicional. En contraste, formaciones como VOX llevan años denunciando esta deriva y exigiendo medidas concretas para blindar al sector primario y demandando querer recuperar los barrios ya que sufren la imposición de este tipo de «costumbres».
El precio de los corderos se ha elevado notablemente, incentivando el mercado negro. Bandas organizadas, muchas vinculadas a redes de origen extranjero, aprovechan esta coyuntura. Este no es un debate abstracto: es la realidad de familias que ven cómo su medio de vida se ve atacado sin que las instituciones respondan con firmeza.
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La protección a nuestros ganaderos
Los afectados reclaman mayor presencia policial, medidas disuasorias y un control estricto del comercio ilegal. Pequeñas explotaciones carecen de recursos para instalar sistemas de vigilancia avanzados, y el aislamiento geográfico las convierte en objetivos fáciles.
Es hora de confrontar la realidad: la España rural, pilar histórico de nuestra nación, está siendo sacrificada en el altar del globalismo y la corrección política. Mientras Sánchez y sus aliados firman pactos que debilitan la soberanía y la seguridad, el campo sufre. Proteger a nuestros ganaderos no es opcional; es una cuestión de supervivencia nacional.
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En definitiva, esta oleada masiva de robos por el Eid al-Adha pone de manifiesto el profundo malestar en el mundo rural y el error de un modelo que antepone lo foráneo a lo propio. Es momento de priorizar a los españoles y su forma de vida tradicional.






