El Partido Popular (PP) parece haber abandonado su tibieza histórica para endurecer su postura en materia de inmigración, aproximándose a las tesis que Vox ha defendido con firmeza desde hace años. ¿Es esto un acto de pánico electoral o un reconocimiento tardío de la realidad que azota nuestras calles? Los hechos hablan por sí solos: mientras el Gobierno de Pedro Sánchez abre las puertas a una inmigración descontrolada, el PP, liderado por Alberto Núñez Feijóo, propone ahora medidas que suenan a eco de las demandas de Vox, como la expulsión de delincuentes reincidentes y un «visado por puntos» que priorice la «cultura próxima». Pero, ¿Dónde estaba el PP cuando Vox alertaba sobre el colapso de nuestros servicios públicos y la seguridad nacional?
Este acercamiento no surge de la nada. Según fuentes consultadas, Feijóo ha presentado un plan migratorio que incluye reformas para expulsar a inmigrantes delincuentes y priorizar perfiles laborales específicos, un discurso que choca frontalmente con la laxitud del PSOE pero que, al mismo tiempo, busca diferenciarse de Vox atacando sus propuestas como extremas. «El PP va a ofrecer a los españoles el plan [de política migratoria] que merecen», aseguró Miguel Tellado, secretario general del PP, en un claro intento de reclamar la bandera de la inmigración que Vox ha izado con éxito. Sin embargo, esta estrategia ha desatado una guerra abierta: Santiago Abascal, líder de Vox, ha acusado a Feijóo de «mentir y manipular» con sus ataques, recordando que el PP ha pactado en el pasado con el PSOE en temas migratorios, como el reparto de menores no acompañados (MENAs). Abascal no se equivoca: el PP miente igual que Sánchez cuando se trata de inmigración masiva.
Para argumentar este punto, basta mirar más allá de los titulares progresistas. En un análisis de El Mundo, se detalla cómo el PP ha pasado al ataque contra Vox en inmigración e igualdad, en plena pugna por el voto conservador. «El encierro de la cúpula del PP en Murcia ha servido para…», reza el artículo, destacando cómo Feijóo endurece su estrategia para dar batalla a Vox. Pero esta ofensiva revela debilidad: el PP sabe que Vox ha captado el pulso de la calle, donde la inmigración ilegal se percibe como una amenaza real. Un post en X de Santiago Abascal lo resume con crudeza: «¿¿’Echarlos a todos al mar’?? Feijóo se une a la demonización de VOX con mentiras y manipulaciones. No le basta con engañar a sus votantes. Tiene que preparar su nuevo pacto con el PSOE». Esta demonización es la prueba de que el PP teme perder su base ante la coherencia de Vox.
El debate de ideas no puede ignorar la hipocresía. Mientras el Gobierno tacha al PP de «sucursal de Vox», ignorando que su propia política migratoria es rechazada por muchos votantes socialistas, según Tellado, el PP insiste en un discurso que, en el fondo, valida las alertas de Vox sobre la delincuencia ligada a la inmigración irregular. María Jesús Montero, vicepresidenta, advierte: «Si habla y viste como Vox, es Vox: la bestia se come todo». Pero esta retórica izquierdista solo alimenta el fuego: ¿por qué el PSOE no debate sobre la integración real en lugar de acusar de racismo? Vox, en cambio, propone soluciones concretas, como la prioridad nacional y deportaciones inmediatas, tal como defiende Jorge Buxadé en un vídeo donde critica al PP por leer mentiras preparadas: «Lo peor de este video es que lo lee. Alguien lo ha escrito…».
En última instancia, este acercamiento del PP a Vox no es miedo, sino capitulación ante la evidencia. Europa entera debate el control migratorio –desde Italia con Meloni hasta Francia con Le Pen–, y España no puede quedarse atrás. La inmigración descontrolada no es un problema inventado; es la ruina de nuestra soberanía.






