En un panorama político donde la izquierda se empeña en pintar a José Luis Rodríguez Zapatero como el artífice de la paz en España, las revelaciones recientes no hacen más que desmontar esa narrativa edulcorada. El ex presidente socialista, lejos de ser un héroe, emerge como una figura controvertida envuelta en escándalos que rozan el crimen organizado y la connivencia con terroristas. Mientras la DEA estadounidense cierra el cerco sobre sus vínculos con el narcoestado venezolano de Nicolás Maduro, nuevas actas secretas de ETA confirman que un emisario de su gobierno filtró información sensible a la banda asesina, traicionando no solo a España, sino también a aliados como Francia. ¿Hasta cuándo seguiremos tolerando que personajes como Zapatero, con sus sombras del pasado, sigan influyendo en el presente de nuestra nación?
Analicemos los hechos con rigor, confrontando las versiones complacientes de la izquierda con evidencias irrefutables de fuentes independientes. Primero, el flanco internacional: la Justicia estadounidense ha incluido a Zapatero en una demanda presentada el 14 de agosto en Florida bajo la Ley Rico, que combate el crimen organizado y el narcotráfico. Esta acción legal, que también implica a Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez y otros jerarcas chavistas, investiga posibles «compensaciones económicas» que el ex mandatario español habría recibido por su labor de lobby y asesoría en Venezuela. Fuentes cercanas al proceso, citadas por Vozpópuli, advierten que si se prueba su colaboración material con lo que Washington califica como un «narcoestado terrorista», Zapatero podría enfrentar sanciones similares a las impuestas a empresarios y diplomáticos chavistas, incluyendo el congelamiento de activos.
«Zapatero’s lobbying and advisory roles in Venezuela may have involved ‘economic compensations’ from the Bolivarian regime, which could be tracked and potentially frozen under U.S. law», detalla el informe de La Gaceta, subrayando cómo la DEA forma parte de estos esfuerzos del Departamento de Justicia de EE.UU. Esta investigación se entrelaza con el caso en Nueva York contra Maduro y Hugo «El Pollo» Carvajal, extraditado desde España en 2023, quien se declaró culpable de conspirar con las FARC para introducir cocaína en territorio estadounidense durante más de una década. Carvajal, ahora cooperando con las autoridades, podría ser la clave para endurecer las acusaciones contra el liderazgo chavista –y, por extensión, contra sus aliados como Zapatero.
Pero no contentos con exportar su ideología a regímenes fallidos, volvamos a España. Las actas secretas de ETA, reveladas por THE OBJECTIVE en su serie exclusiva, destapan que un emisario del Gobierno de Zapatero –posiblemente Alfredo Pérez Rubalcaba o Javier Moscoso– avisó a la banda terrorista de un inminente «golpe operativo importante» planeado por Francia. Esto ocurrió en 2005, tras la detención de Ramón Sagarzazu (‘Alain’), Iratxe Sorzábal y David Pla. El aviso no fue un acto de diplomacia, sino una filtración que permitió a ETA esquivar arrestos y continuar sus actividades criminales, como el movimiento de explosivos. «Gorburu (José Luis Rodríguez Zapatero) le dice al mediador que le han dicho fuentes policiales francesas que después de la detención de Alain tenían preparada (sic) un golpe operativo importante contra la Organización», reza una de las notas de las reuniones en Ginebra, mediadas por el Centro para el Diálogo Humanitario Henri Dunant.
El emisario también transmitió que la policía francesa había detectado traslados de sustancias explosivas: «El análisis sobre ello indica que estáis trasladando/moviendo substancias explosivas para hacer artefactos. Si eso es así, la Policía francesa dice que no va a permitirlo durante mucho tiempo y que, por lo tanto, debéis paralizar toda esa actividad.» Este chivatazo se enmarca en las negociaciones secretas codificadas como «EraGorElk» (encuentro entre ETA y Gobierno), que involucraban solo a cuatro personas: Zapatero, el mediador, Jesús Eguiguren y otro más. El proceso, que llevó al alto el fuego de marzo de 2006, se derrumbó con el robo de 350 pistolas en Vauvert (Francia) en octubre de ese año y el atentado en Barajas en diciembre, dejando claro que la «paz» de Zapatero fue un espejismo pagado con concesiones inconfesables.
En debate abierto: mientras progresistas defienden a Zapatero como pacificador, la realidad apunta a un patrón de alianzas tóxicas –desde ETA hasta Maduro– que erosionan la democracia. Es hora de exigir cuentas: ¿fue Zapatero un mediador o un facilitador del mal? La oposición debe presionar para que estas investigaciones avancen, recordando que la verdadera paz no se construye sobre secretos y traiciones.






