El sol calentaba las piedras romanas mientras en el palacio de la Asamblea se firmaba un papel que olía a pólvora y a cuentas pendientes. María Guardiola y Óscar Fernández se habían dado la mano. Un apretón frío, de los que se dan cuando no queda más remedio que compartir el botín para no quedarse fuera.
La cosa es simple: 65 escaños en juego y nadie con la llave maestra. Los socialistas se han estrellado, pero en política ganar la mano no sirve de nada si no se tienen las fichas suficientes en la mesa. Guardiola había dicho que no dejaría entrar a los chicos de verde en su despacho, habló de líneas rojas y de no pactar con quienes negaban ciertas verdades. Pero el tiempo en política corre más rápido que un soplón huyendo de la pasma. Al final, el sapo bajó por la garganta y el trato se cerró.
El documento tiene 23 folios, 11 ejes y 74 medidas que pretendían darle la vuelta a Extremadura como a un calcetín.
El trato: los once pilares
El primer punto del informe es la energía. Se trata de Almaraz. Quieren blindar la central nuclear como quien protege una caja fuerte. El plan es sencillo: reformar la ecotasa autonómica, reduciéndola un 30% cada año hasta que no quede ni rastro de ella al final de la legislatura. El 50% de lo que recauden mientras tanto irá a un fondo para el entorno de la central.
Luego está el campo. El Sector Primario. El acuerdo dice que Extremadura será un territorio libre de las «imposiciones de Bruselas» y del Pacto Verde. Habla de Tierra de Barros como si fuera el Santo Grial. Escrito queda que el regadío sería una realidad definitiva, creando una Dirección General solo para eso, para que los agricultores dejen de sentirse estafados.
En la Sanidad, el fajo de billetes es grande: 500 millones de euros adicionales al año a partir de 2026. Quieren meter a 1.500 profesionales nuevos en el SES y reducir las listas de espera mediante campañas quirúrgicas y colaboración con el sector privado. Si te duele algo en Extremadura, el plan es que no tengas que esperar a que el médico se jubile para que te atienda.
Pero donde el aire se vuelve más denso es en la Inmigración. El pacto es un portazo en la cara al Gobierno central. Han dicho que no a los mecanismos de reparto de inmigrantes ilegales, tanto adultos como menores (MENAs). Quieren auditar cada céntimo que vaya a parar a una ONG que fomente el «efecto llamada». Incluso recoge la verificación de la edad de los que lleguen. Y nada de burkas o nicabs en espacios públicos; la seguridad y los «valores de igualdad» son prioridad.
El dinero de los contribuyentes también tiene su capítulo. Una rebaja de impuestos de las que hacen que los contables sonrían. El IRPF bajará un 0,25% anual en los dos primeros tramos. El Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones se ampliaría para que los sobrinos también mojen en la herencia hasta 500.000 euros. Y las licencias de caza y pesca volverían a ser baratas, como en los viejos tiempos.
En Vivienda, el objetivo es levantar 3.500 casas protegidas con ayuda privada. Pero hay condiciones: la prioridad nacional. Para comprar necesitabas 10 años de empadronamiento; para alquilar, 5. Quieren asegurarse de que los de casa sean los primeros en tener un techo.
La seguridad tiene un nombre propio: desalojo exprés. Los ocupas saldrán por la puerta antes de que se enfríe el café, con defensa jurídica gratuita para los propietarios afectados. Y una Ley de Concordia para limpiar los contenidos educativos de las «leyes ideológicas de la izquierda».
En Educación, prometen homologar los sueldos de los docentes con la media nacional y que las guarderías de 0 a 3 años sean gratis para el curso 2026-2027. Además, en los comedores solo entrará producto español de proximidad.
La familia tendrá su propia ley, con deducciones por nacimiento de hasta 1.200 euros por el tercer hijo. Y para pagar todo esto, el plan es recortar el «gasto improductivo». Auditorías anuales, tijeretazo del 50% a las subvenciones de sindicatos y patronales que no demuestren su utilidad, y reducir la cooperación internacional al mínimo legal.
El botín del Partido Popular
Muchos se preguntarán qué gana Guardiola (y el PP) en este intercambio de disparos. La respuesta es el poder, puro y duro.
Primero, la Presidencia. María Guardiola consigue sentarse en el sillón principal de la Junta, algo que parecía imposible semanas atrás. Consigue la investidura y la llave del tesoro regional.
Segundo, la estabilidad. El acuerdo incluye el compromiso de aprobar los presupuestos durante cuatro años. Eso significa que el PP puede dormir tranquilo por las noches sin miedo a que un socio caprichoso le tumbe las cuentas en mitad de la partida. Evitan así la repetición electoral, un riesgo que Guardiola, lógicamente, no quiere correr.
Tercero, el control mayoritario. Aunque VOX entra en el edificio, solo le dan dos habitaciones pequeñas. VOX se queda con la Vicepresidencia (un título que suena bien pero que hay que llenar de contenido) y dos consejerías: Gestión Forestal y Mundo Rural (luego Agricultura y Ganadería) y la de Desregulación, Servicios Sociales y Familia. El resto de las carteras, las que mueven el grueso del presupuesto y las competencias clave, se quedan bajo el puño del PP.
Cuarto, el PP consiguió meter sus medidas estrella en el contrato. La rebaja fiscal del IRPF y de Sucesiones son marcas de la casa de los populares. Lograron que VOX firmase un programa que, en gran parte, era el programa del PP, pero con un toque de pimienta verde.
Y finalmente, la soberanía estratégica. Al blindar Almaraz y prometer Tierra de Barros, el PP se presenta ante los extremeños como el defensor de los intereses de la tierra frente a los burócratas de Madrid y Bruselas. Un beneficio político que no tiene precio en campaña electoral.
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El final de la partida para la izquierda
El PSOE y Unidas por Extremadura han puesto el grito en el cielo. Hablan de retroceso, de «problema de sillones» y de que Guardiola queda secuestrada por la extrema derecha. Yolanda Díaz dijo desde Madrid que el pacto vulneraba la Constitución y los derechos fundamentales. Pero en Extremadura, los perros ya han dejado de ladrar y la caravana se ha puesto en marcha. Guardiola tiene su gobierno. Fernández su vicepresidencia. El trato quedó sellado en el Patio de los Naranjos. En el mundo real, los tratos nunca son perfectos, pero mientras el dinero fluya y los votos aguanten, nadie se quejará demasiado del olor a tabaco en la habitación. Extremadura empieza una nueva e ilusionante etapa. Solo cabe esperar a que haya buena voluntad por ambas partes que nos estamos jugando mucho. Nos estamos jugando echar al sanchismo no solo de Extremadura, sino de nuestras vidas. Es en definitiva un buen acuerdo para ambas partes, ahora hay que hacer una gestión acorde con el desafío.
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